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Monday, January 19, 2015

Predicciones y Recomendaciones (Para Cuando Nos Venga lo Malo)

 
 
Ayer la revista Todo en Domingo publicó las predicciones anuales de Adriana Azzi. Sus visiones sobre el futuro de Venezuela son tan confusas que hay que leer las predicciones con un diccionario y un tesauro al lado. Pero el mejor indicativo de que estamos pasando por una etapa nefasta en este país ni siquiera me lo dan las predicciones de esta vidente sino su ubicación geográfica. Estamos tan mal que ni Adriana Azzi vive en Venezuela. Eso ya nos dice todo.

Según ella va a haber guerra, trifulca, abuso de poder, corrupción y cárcel. Todo esto lo escribe en cuatro páginas que en verdad se han podido resumir en la siguiente frase: “Si usted tiene la posibilidad de conseguirse un Valium y despertarse en el 2016, tómeselo”.

No da ni una noticia positiva, ni siquiera que Pastor Maldonado va a chocar o que vamos a ganarnos una corona de belleza lo cual los videntes siempre lanzan porque es casi seguro de que esa la pegan. Azzi da profecías terribles de las cuales solo hace falta ver una cola de supermercado para saber que ni siquiera son videncias sino realidades.

Lo que yo noto en estos tiempos en Venezuela es una tensa calma. Es como ese momento en las relaciones de pareja donde uno ya huele que se viene un peo. Uno no sabe por qué, ni cómo, ni cuándo, ni dónde, pero esa trifulca viene más seguro que la fractura de fémur de una abuela que detesta los bastones porque ella se siente pava. Eso mismo es lo que sucede, todos presentimos que Venezuela se va a batir en cualquier momento. Y no es el fémur lo que se va a fracturar.

En vísperas de esa trifulca y de llegarse a dar, me atrevo a lanzar mis propias recomendaciones sobre las predicciones que seguramente hacemos todos. No lanzo cartas para hacer estas aseveraciones porque no soy vidente sino un bloguero haciendo tiempo antes de almorzar. Así que estas predicciones/recomendaciones tienen un 99% de error y deben ser leídas a su propio riesgo.

Eso sí, lo único que me he permitido es escoger mi nombre de vidente porque tener un nombre de vidente es cool. Así que les presento al Profeta Toto Melquiades Mefistofeles Nicanor de Los Santísimos Arcos Dorados de McDonalds.

Mis predicciones/recomendaciones son las siguientes:

Empátese y arrejúntese: Lo que nadie dijo de las protestas del 2014 es que hubo una clase importante de reprimidos sociales. Los solteros sufrieron meses de escasez sexual y romántica ante la imposibilidad de conocer gente nueva por la encerrona. Para evitar esto, mi recomendación es que usted se busque a una pareja YA. No importa que no sea de su gusto, agrado o que esté obesa o sea feo. Tener a alguien en los meses de trifulca va a ser necesario porque los países se pueden ir a la carraplana pero la necesidad de sexo es eterna. Procure arrejuntarse con alguien de su zona para evitar el pase por una guarimba.

Véale el lado positivo a la escasez: Sascha Fitness también estará muerta de hambre así que sus posibilidades de envidia a los cuerpos ajenos se reducen. La escasez lo que va a crear es aceptación con su propio cuerpo y se dará cuenta de que desear por tener medidas 90-60-90 no es tan importante como conseguir comida adecuada para su alimento diario.

Olvídese de ciertos regalos de matrimonio: Por alguna razón ilógica en este país donde no hay nada, las fiestas de matrimonio continúan y se han vuelto más apoteósicos. Mis videncias me dicen que eso va a ser como los músicos del Titanic y yo mismo celebraré a los primeros novios que tengan la conciencia de irse a casar a la jefatura civil con almuerzo posterior en El Mundo del Pollo porque la masa no está pa’ bollo. Pero hasta en la pobreza hay que regalar.
 
Mi recomendación es que regale plata. No hablo de efectivo porque eso es un chiste (a menos de que usted sea esplendido y quiera dar dólares) sino de objetos de plata que se puedan fundir. Las novias no se dan cuenta de que en cada cuchillito hay un realero en potencia. ¿Vajilla blanca para 24 personas? Mi reina, si no hay ni pan, ¿qué cena vas a dar tú? ¿Tú tienes a 24 personas viviendo en Venezuela que quisieras invitar a tu casa? Preséntamelos porque los míos se fueron. ¡Regalen plata! Y si no hay real para la plata, regale un paquete de azúcar envuelto en un lazo complicado. Ese es el mejor obsequio en estos momentos.

Perdone: Esto viene en consonancia con la falta de gente en Venezuela. Llegó la hora de ver quién queda aquí y hacer las paces con aquellas personas que tuvieron un impasse con nosotros en el pasado. ¿Qué la mosquita muerta esa le montó los cachos a su marido? ¿Qué el del Piso 6 le rayó el carro con su Twingo? Perdónelos. Haga borrón y cuenta nueva con sus relaciones porque el día de mañana si hay que escapar, seguro les toca en el mismo barco. Y estar peleado en un barco es un cliché. Si la paz llega a Venezuela, pues peléese de nuevo porque en verdad esa mujer monta cacho es tremenda zorra. Pero en estos momentos, hay que hacer pactos de no agresión. 

Lea “Rebelión en La Granja” de George Orwell este año y déselo a toda su familia: No importa si su familia es más bruta que la familia de Honey Boo Boo, hágase un favorcito y vayan a comprarse este libro para que entiendan bien la magnitud de problema en la que estamos metidos. Necsitamos que este año no quede ni un venezolano por ahí diciendo que es apolítico. Llegó la hora de reafirmar nuestra voluntad democrática en familia. También es bueno que se compre un manual llamado “Cómo Fabricar Velas” porque mire, de repente se va la luz y con todo el movimiento para beatificar a José Gregorio tampoco hay velones.

Haga un tiempo para la política y otro para la vida en familia: Con las protestas del 2014 hasta un infante de 6 meses sabía pronunciar “Fernando del Rincón”. Y si bien es importante estar informado, a pesar de que aquí son pocos los medios que informan, también es necesario hacer vida familiar. Los niños no son tontos y saben que estamos malísimos. Pero usted no creció todo el día oyendo que Carlos Andrés Pérez era un desastre o que Luis Herera Campins era un come Torontos. También hablaba de Lila y del Puma. Busque al Puma y enseñe a su hijo lo que es cantar “Pavo Real”. La verdad es que todo esto será tan solo un párrafo en cualquier libro de historia, pero El Puma… El Puma is forever.

No diga la frase “Esto es un país de mierda”. La mierda somos nosotros: El Cerro Ávila y los Morros de San Juan han visto de todo y no tienen la culpa de que nos dejamos meter gato por liebre todo este tiempo. Luche, vote, proteste, cambie, lidere y decida el porvenir político de su país siempre que tenga la oportunidad de hacerlo. Pero no olvide darse cuenta de que los araguaneyes comenzaron a florear y que las guacamayas todavía vuelan sobre los cielos. Importante tomarse diez segundos de su día para ver que eso no es tan mierdoso y que bien vale la pena pelear por quedarse para siempre en Venezuela.

Haga un horario telefónico con su suegra o su abuela o la que sea más metiche para que no los vuelva locos: En las trifulcas esas doñas llaman a toda hora y usted no tiene tiempo de ser recepcionista de los malos presagios. Cuadre un horario conveniente y haga que se respete. Y si la suegra o la abuela no llama a esa hora, por amor al Cristo ¡llame a usted! No vaya a ser que la suegra o la abuela se haya despachado.

Almacene. No acapare, sino almacene: Lea la fábula sobre las hormigas y el saltamontes de Esopo. Hay que prepararse para el invierno, sea inteligente con sus enlatados. Y con la caña… En algún momento se va a tener que echar un palo ya sea en desespero o en celebración. Tenga su botella por si acaso.

Prepárese para el comienzo: De repente no es este año, ni el próximo ni en tres. Pero todas las revoluciones se acaban (salvo la del bikini) y vamos a necesitar que gente como usted diga exactamente lo que quiere de sus mandatarios. El problema de este gobierno es que definen al pueblo como un grupo de ciudadanos que no somos ni usted ni yo. Eso se acaba en el comienzo. Y es mejor estar preparado para volver a sentirse pueblo, por fin y de una vez.

Sonría: Vive en el mejor de los tiempos y en el peor de los tiempos. Sus antepasados se murieron que si de gripe.

Wednesday, January 14, 2015

Cobrar en Tiempos de Crisis

 
Ser una estrella del freelance implica dos cosas: enfrentarse a una lucha permanente por establecer una disciplina de horarios y ponderar diariamente si este estilo de vida realmente vale la pena. La primera es más difícil. Cuando se es freelance, donde se puede trabajar donde sea y como sea, el reloj no existe. Si yo quiero, puedo comenzar a laborar en pijamas a las diez de la mañana. No lo hago porque como decía Ellen De Generes, una persona en pijamas a las diez de la mañana es un alcohólico.

Como no soy alcohólico (aunque he estado cerca de serlo) me obligo a sentarme frente a la computadora todos los días a una hora exacta, completamente vestido. He descubierto en la vida que mientras mejor vestido estés, mejor trabajas. Claro, yo me visto como si hubiera saqueado el closet de Larry Bloom, el novio escritor de Piper en la serie Orange is The New Black y por eso es que mis trabajos a veces no son los mejores. Pero vestido al fin, trabajo.

El problema es saber terminar el horario. Cuando se es freelance no hay un momento determinado de empaquetar tus macundales y lanzarte una de “Heigh-Ho” como los enanitos de Blanca Nieves. Puede ser la inspiración, los deseos de terminar todo cuanto antes, o que prometí entregar un trabajo al día siguiente, pero no hay un momento determinado en el cual yo diga: “a apagar la luz”. Eso no es sano para nadie porque uno debe tener momentos “Paulo Coelho” para si mismo (léase, sentarse a ver televisión a ver programación basura como Toddlers and Tiaras). Pero es algo que se aprende y poco a poco, un paso a la vez… Reconozco que esta frase sí es medio alcohólica.

Ahora bien, el mayor problema no es ese. Para mí el tasar mi trabajo es lo que más me cuesta. Ya sea con las traducciones o con escritos para cosas comerciales, artículos de opinión, etc. se me hace difícil a veces ponerme un precio. Y eso es un error porque con cualquier trabajo, uno está aportando talento y en muchas ocasiones cometo el faux pas de dar un precio por debajo creyendo que soy justo. ¿Ese eslogan de L’Oreal que dice “porque tú lo vales”? Siempre he tenido deseos de escribirles a su centro de atención para preguntarles: “¿cómo sé cuánto valgo?”

Esa pregunta me la tengo que hacer siempre que hago un presupuesto porque de lo contrario me agarran por pendejo. Y ahora más que nunca cuando todos los billetes de Bolívares en circulación equivalen a un dólar, el trabajo cuesta millones pero el salario no vale nada. Cobrar algo y pasarlo a dólares es llegar a la conclusión de que las horas empleadas para un trabajo valen lo mismo que ser mesonero en una cafetería en los Estados Unidos. Y ese es el problema, valgo millones pero no estoy ganando nada.

La diatriba de esto es que si la situación económica no mejora, estamos todos destinados a realizar trabajos mediocres. Si el equivalente a un trabajo importante vale nada en dólares al cambio real, ¿para qué fajarse? ¿Para qué ser escritor o diseñador o modelo o lo que sea que no implique trabajar para una corporación cuando el pago por la creatividad nada vale y es casi mejor considerar emplearse como ascensorista?

La respuesta, en mi caso, es que yo moriría de la depresión siendo ascensorista. Y no estoy dispuesto a realizar trabajos mediocres. Llegó la hora de tasarse por lo que valgo con una compensación que me haga proporcionalmente feliz al tiempo que empleo en la creatividad. La gran pregunta es si queda algún cliente dispuesto a pagar por la felicidad de un freelance.-

Monday, January 12, 2015

No correrás por praderas

 
 
“Quiero hacer un viaje por carretera algún día. Solo o con alguien que amo. Quiero escaparme. Explorar lugares. Dormir en el carro. Detenerme a menudo para admirar la vista. Visitar museos y probar cafeterías. Escuchar mis álbumes favoritos mientras manejo. Quiero tener una cámara Polaroid. Tomar fotos bonitas del amanecer. Tomarme fotos de mi mismo. Correr por un bosque. Perseguir la niebla. Perseguir el sol. Pasarme horas en una pradera haciendo coronas de flores. Sentir el viento en mi pelo. Comprar recuerdos. Conocer gente. Tomarme el tiempo de observar. Quiero crear memorias. Quiero sentirme vivo”.

Este texto lo encontré en Instagram. Lo colgó la persona que menos haría cualquiera de estas vainas, pero no voy a ser yo el primero en interrumpirle sus sueños en un comentario. Porque la verdad, si de hacer resoluciones para ser mejores personas se trata, en esencia esto es lo que queremos todos. A menos de que tú seas un asesino en serie, pues. Ahí no te veo mucho haciendo crinejitas con flores en una pradera. Crinejitas con tripas sí. Con flores, no.

La pregunta es, ¿qué nos pasó? ¿Por qué todos queremos escapar de nuestras vidas mundanas? ¿Por qué no somos felices? Hoy es lunes 12 de enero de un nuevo año. No hace menos de dos semanas yo estaba montado en un barco en traje de baño con un vaso de vodka en mis manos sintiendo el atardecer en mis espaldas. Juan Luis Guerra estaba a lo lejos. No la música de Juan Luis Guerra, sino Juan Luis Guerra, Juan Luis Guerra. Así de perfecta era mi vida.

El problema es que esa no es mi vida. Y en ese momento lo único que podía pensar era en mi vida de verdad. No le hice caso porque yo no conozco a la primera persona que se haya llevado a su psiquiatra de vacaciones pero que hoy, 12 de enero, me veo forzado a encarar. Y el miedo es que este 12 de enero lo comencé como cualquier día del año pasado. Alguien que no se siente vivo sino que mecánicamente teclea palabras, manda informes, trabaja para los demás. El Señor Increíble cuando no lo dejaban ser increíble, pues... y sin los músculos... y sin el pelo.

El susto es lo rápido que te ahoga un año. ¿Mis sueños a bordo del barco? Quiero hacer radio, quiero escribir un libro, quiero seguir enamorado, quiero verme mejor, quiero hacer algo por la Humanidad. Quiero que el 2015 sea un añazo pues. ¿La realidad a bordo del primer lunes de trabajo? Devuélvete de la pradera esa por donde quieres correr. Llamó el 2014 y tienes entregas pendientes. Por eso llego a la conclusión de que las resoluciones de un año nuevo sirven… hasta que te das cuenta de que tienes que mover el culo para lograrlas.

¿Correr por una pradera, Toto? Ponte a escribir lo que mejor sabes hacer. Si algo te enseña el mes de enero es que la única que tiene tiempo para correr por una pradera es Heidi.-

Tuesday, July 22, 2014

Solo Vine a Hacer una Preguntica

 
Para ser una sociedad impaciente me impresiona la resignación con la cual los venezolanos nos hemos adaptado a hacer una cola. Sea en una farmacia o en un automercado, ya es habitual empujar nuestro carrito hacia el fondo del establecimiento y ponernos de último a esperar a que nos toque para pagar. Los que están delante y detrás de nosotros pasan a ser nuestros aliados para los menesteres del small talk. Una especie de Correo del Pueblo en 3D donde pasamos revista a todo lo que nos parece que está mal y cómo haríamos para mejorarlo.

Una de las cosas que no tiene solución es cuando de verdad tú vas a comprar un artículo y todos los demás tienen un carro lleno de artículos. Lo lógico sería que hubiera una fila para diez artículos o menos. A la Ley del Trabajo no le importa si tú te compraste un destapador de poceta o te llevas la vaca completa de la carnicería. A todos nos toca hacer la cola por igual.

Fui a comprar una bolsa de hielo al supermercado el otro día. Todo el mundo me vio con cara de “Ah sí, ya vas a poner cara del gato de Shrek para que te dejemos pasar. Pues no. Porque tú vas  a hacer una fiesta en tu casa y yo me voy a ir con esta compra a cuidar a cinco niñitos y a un marido inconforme”. Me fui al final de la fila y esperé. Cuando llegué a la caja registradora el hielo estaba más derretido que Olaf el muñeco de nieve en Frozen. No importa, yo entiendo que en socialismo no estamos para cortesías cuando todos intentamos sobrevivir.

Eso no debería suceder en sitios donde tienes que agarrar un número para que te atiendan. Léase bancos, agencias y un psiquiatra con una maquinita de esas que la puso solo por joder. Aquí aplica siempre la persona que dice “disculpen, solo vine a hacer una preguntica”. Solo que el “disculpen” es acto del pasado. Ahora vienen como si hubiera un ticket VIP y ellas fueran Veruca Salt, la niña malcriada de Willy Wonka.

Hoy voy a Santa Bárbara Airlines porque necesito preguntar si el e-ticket que imprimí de Despegar.com funciona para hacer los trámites de CADIVI. Al llegar, tomo mi ticket y miro hacia el marcador  el cual indica que hay siete personas delante de mí. Como tengo correos que contestar en el celular me siento en mi silla a esperar. Junto a mí está una señorita en lo mismo que yo. Los demás no sé en que andan porque yo no veo tan lejos.

Unos diez minutos después la señorita levanta la mirada y se molesta.

-Oye, vale -me dice-, ¿entonces para qué sirve esto de los tickets? Aquí hay un poco de gente que llegó después de usted y andan en el mostrador.

-Sí tienes razón -le contesto.

La señorita alza la voz: “Señores, por favor, vamos a ser ordenados. Hay un ticket ahí que deben agarrar. Yo entiendo que todos vinieron a hacer una pregunta pero ya han pasado seis y nosotros los que tenemos ticket  y que también vinimos a hacer una pregunta seguimos aquí”.

La agente de Santa Bárbara se percata del descontento y les pide a todos en el mostrdor que agarren un ticket. Todos lo hacen, excepto una señora quien solamente puede ser descrita físicamente como Desirée Santos Amaral (o Brujilda, lo cual es lo mismo).

La señorita junto a mí se molesta y al ver que el marcador ha cambiado para su número de  turno, se levanta y se pone junto a la señora Brujilda.

-Señora, por favor es mi turno. Yo también vine a hacer una pregunta e hice mi cola como todos los demás -le dice a la mujer coleada.

Mejor que no.

Brujilda agarra una calentera como si le hubieran dicho… bueno como si le hubieran dicho Brujilda.

-Mire, muchacha insolente –le replica en tono altanera-, ¿qué te has creído tú chica para hablarme así a mí de esa manera? Si yo lo que vine fue a hacer una preguntica.

La señorita (de la razón) le contesta: “Pues, yo también vine a hacer una pregunta, y el señor también y el otro también y aquí todos esperamos pacientemente”.

-Ah, ¿entonces yo soy la bruja?

-Obviamente -pensé yo.

… No, no pero es que esto es insólito –continúa Brujilda-. Venirme a decir a mí ¿qué? Cuando yo lo que vengo es a hacer una piche pregunta. No chica, ¡tú lo que eres es una abusadora! ¡ABUSADORA!

Yo soy un defensor de las causas perdidas y me molesta cuando la gente pisotea a los que tiene la razón. También soy un hombre que necesita urgentemente que le sellen un pasaje para poder decirle a un banco que le diga al Gobierno que me dé unos piches dólares que en teoría son míos.

-No lo digas, Toto, no lo digas, quédate quieto, quédate quieto –me dice mi Pepito Grillo en la cabeza. Pero al ver a Brujilda refunfuñar desde su asiento con su ticket recién tomado ya arrugado de la rabia, decido mandar al Pepito al carrizo y le digo en tono pausado desde mi silla: 

-Disculpe, señora, con todo respeto, pero yo creo que la abusadora es usted.

(Bueeeeeno…)

-Ah, y aquí salió el otro –grita Brujilda-. Ahora se pusieron de moda los metiches, pues.

-Si fuera metiche me hubiera coleado, señora. Lo que soy es justo. Aquí todos venimos a hacer una pregunta igual que usted.

-¡Pregunta mi culo! Tú lo que eres es un intrépido que te metes en las cosas que no te incumben. ¡Intrépido! ¡Intrépido!

Me río y bajo la mirada a mi celular. Como intrépído es alguien que no le teme al peligro, pues ahí no hay más nada que hacer. Pero no es hasta que me lanza esta perla cuando pierdo la paciencia:

-Es que míralo a él…  ahora se creen todos los machos… -continúa Brujilda hablando con un señor sentado junto a ella que no le presta mucha atención-. ¿Quién sabe qué será él? Seguro es un nuevo rico que vive una vida cochina y se va con sus reales sucios a un viaje cochino… Cochino.

Mi Pepito Grillo me dice: “No, no, no lo hagas Toto… Necesitas que te sellen el pasaje… No vayas a decir…”. Lo mando a callar y le respondo a la señora de manera calmada:

-Tan cochino es mi viaje señora que yo me estoy yendo a operar a mi mamá de cáncer.

Mi Pepito Grillo se pegó un tiro en el acto. Mi mamá no tiene cáncer y esto es una insolencia con todas las madres del mundo que desafortunadamente sí padecen de esa enfermedad.

-No me interesa tu viaje cochino, ni tu familia cochina, nuevo rico –me responde Brujilda.

En la sala se puede oír hasta el repaso del resaltador de la agente de Santa Bárbara. Nadie se mueve.

-Les voy a pedir el favor a los dos que se retiren si siguen con esto –advierte la agente para calmar los ánimos. Comienza a hacer pasar los números con la “suerte” que el número que me toca es el mío.

Me levanto al mostrador y hago mi pregunta: “Buenas, sí mire yo tengo que hacer CADIVI y aquí no sale la fecha de emisión de mi boleto. ¿Esto lo puedo hacer aquí?

La agente me explica de la manera más amable que debo ir a Despegar.com a que me emitan mi boleto allá y después volver a Santa Bárbara para que ellos me lo sellen.

Me despido y salgo. Nadie habla. Y ahí es cuando me doy cuenta de tres cosas: 1) en verdad mi problema era con Santa Bárbara. Que yo tenga que ir a otra oficina a que me impriman un boleto que en teoría me enviaron por correo para volar con la aerolínea en cuya oficina estoy es el colmo. 2) Todo eso no me importa. Mi real preocupación es: ¿por qué me metí yo en un problema que no era mío cuando todos los demás se quedaron callados esperando a que les tocara su turno sin importar que gente como Brujilda se les coleara? 3) ¿Para qué mentir si yo tengo la razón?

Concluyo que en verdad SÍ es mi problema. Si yo no hubiera ayudado a la señorita que había esperado su turno, Brujilda hubiera ganado. Pero ¿por qué mentir? Porque quería hacerla sentir mal. No me funcionó porque maté a mi mamá en una sola oración y tampoco la ayudó a ella a comprender que estaba errada. En conclusión perdimos todos.

Pero, ¿por qué hay que quedarse callado ante la injusticia? ¿Por un piche sello para CADIVI? ¿Un miserable kilo de azúcar? ¿Un pasaporte? Yo entiendo a Brujilda. Tomar un ticket en este país es de pendejos porque nos pasamos 24 horas agarrando tickets y haciendo colas solo para que nos devuelvan por un tema de burocracia. Pero asumir que quien levanta la voz para protestar por un acto injusto es un nuevo rico cochino es caer en esa misma corrupción. Solo que esto es una corrupción de valores que es peor.

Quedan personas decentes en Venezuela y me gusta pensar que yo soy una de ellas. Mentiroso pero decente. Me molesta la injusticia pero más me enerva que las Brujildas se salgan con la suya solo porque vinieron a hacer una preguntica sin tener la decencia de admitir que con tan solo tomar un ticket subsanaban su error. Yo hoy comprobé lo necesario que es levantar nuestra voz siempre. Solo que hoy aprendí que no es necesario decir una mentira cuando solo con la verdad es suficiente.-

Actualizado: Mi mamá lee el blog y me escribe por WhatsApp en el acto: “Toto, qué mal lo que te pasó, pero yo solo tengo una pregunta. ¿Por qué me mataste a mí y no a tu papá?”

Wednesday, January 15, 2014

Me Niego a Ser Estafado


De regreso a Caracas compré en el aeropuerto un libro llamado La Ladrona de Libros de Markus Zusak. Uno de esos libros tan pero tan buenos que cuando las aeromozas en el avión me preguntaron qué quería beber ya iba por el capítulo siete. Y cuando me inquirieron si quería pollo o pasta las mandé a callar porque me habían interrumpido el clímax del capítulo veintitrés.

El libro se remonta a la Alemania Nazi donde La Muerte es la encargada de narrar la historia de Liesel Meminger. Dada en adopción, pasa a manos de unos padres no afectos al Nazismo quienes la enseñan a leer y a guardar secretos (el más grande de ellos un judío escondido en el sótano). Su gusto por la lectura la lleva a robar libros desde las hogueras de libros quemados erigidas para conmemorar el cumpleaños de Adolfo Hitler hasta la biblioteca de la esposa del Alcalde de la ciudad.

Me encantan los libros así, sobre todo porque la Muerte prueba ser un personaje delicioso. Alguien que advierta al principio de un texto: “He aquí un hecho, vas a morir” no puede ser lo contrario. La Muerte sencillamente hace su trabajo (admite en el libro que en la Alemania Nazi estuvo más ocupada que nunca) pero ofrece reflexiones importantes:

“Quise decirle muchas cosas a la ladrona de libros (…) Quise preguntarle cómo un mismo hecho puede ser espléndido y terrible a la vez, y una misma palabra, dura y sublime. Sin embargo, no abrí la boca. Solo conseguí hablar para confiarle a Liesel Meminger la única verdad que hago mía. Se lo dije a la ladrona de libros y ahora te lo digo a ti. Los humanos me acechan.

Al llegar a mi casa y ya con el libro terminado reposando sobre mi biblioteca me dispuse a hacer lo que hago cuando me gusta algo en demasía: recomendárselo a mis amigos. Uno de ellos me dijo que el libro acababa de ser llevado al cine y naturalmente no descansé hasta ver la película desde mi computadora (cosa que detesto pero estoy consciente de que esa película no va a llegar al cine venezolano sino en tres años).

La película es buena y los personajes y la puesta en escena son tal cual me los imaginé, pero me pasó un poco como Annie Wilkes en la película Misery. Hay una escena allí donde ella le cuenta a Paul Sheldon (su autor favorito a quien tiene secuestrado en su casa lo siguiente):


Eso fue lo que me pasó con La Ladrona de Libros. No es que voy a ir a secuestrar al director y meterle en mi casa como hizo Annie Wilkes con Paul Sheldon, pero detesté leerme el libro y luego ver la película porque me sentí estafado. Hay tantas cosas maravillosas en el texto que no aparecen en la película o que las resumen en aras de la brevedad que lo que me provocaba era rebobinar el tiempo, irme al set de grabación y gritar: “¡Ese no es el libro que se robó ahí! ¡No nos engañen!”

Tengo un problemita lo sé.

Ese es el asunto con las estafas. Te ofrecen un producto bueno pero tú sabes que hay algo mejor. Es como poner mostaza Heinz en un recipiente de mostaza Grey Poupon, como lo hizo Sylvia Drescher en un episodio de The Nanny. Crees que engañas pero en realidad no estás dando la enchilada completa. Por eso he pensado que a veces es mejor ver la película y después leer el libro. Yo todavía no supero El Conde de Montecristo en película. Un impacto visual, una blasfemia de edición de historia.

El barco en el que me monté durante las vacaciones me llevó a Jamaica. Y yo me imaginaba Jamaica como una isla de Margarita espectacular pero hardcore. Lo máximo que me llevaron fue a un downtown lleno de tiendas con los mismos llaveros y banderas de Bob Marley que se pueden comprar en Paseo Las Américas.

No me pasó en las islas Caimán. Como yo no sé nada sobre las islas Caimán salvo que siempre mandan a una pobre al Miss Universo que no clasifica y que cualquier documento de empresa que se respete se constituye bajo las leyes de esa isla, me quedé sorprendido y me gustó bastante. De repente es eso, lo que no conoces no te estafa, hasta que lo conoces demasiado y te puedes dar el lujo de decidir si te gusta o no.

Es lo mismo con las potenciales amistades. Cuando te dicen, por ejemplo, “lo tienes que conocer porque él tiene todos los reales del mundo”. Eso es una estafa directa. A menos que esa persona me firme un cheque al darme la mano, no tengo ningún interés en saber si es millonario o no. La gente se auto-estafa con los reales y lo peor es que venden a personas con brochure cuando la verdad la única descripción válida es si el millonario (o el pobre) es chévere o no.

Quizás sea cuestión de tomarse las estafas con soda pero cuando hay algo bueno uno no puede conformarse. En el país hay ladrones de todo tipo menos de libros y la estafa es que nos dicen: “Pero hay patria”. Pero yo sé, tú sabes y Annie Wilkes sabe, lo que es patria y esto no es. Insólitamente una de las noticias del día de hoy es: “Recomiendan no transitar ni accidentarse por autopistas de noche”. Ya va, ya va, ya va… ¡nadie escoge accidentarse en una autopista! Nadie dice: “¡Oh, que hombrillo más oscuro y tenebroso, déjame fundir el carro aquí!”

No me conformo con estafas. Las acepto porque a veces no hay nada que hacer pero me inquietan. Esto lo aprendí de La Zubi. Hace tiempo conté un cuento de ella en público una vez que me pareció comiquísimo. Ella tuvo un novio que la dejó por otra y al verlos en una fiesta se acercó y les derramó un whisky encima. Cuando terminé de contarlo, a todo el mundo le pareció lo máximo pero La Zubi no lo encontró divertido. “Vamos”, le dije, “es tremendo cuento y pasó hace mil años. Por lo menos ríete”. “Es que no me da risa”, me contestó, “porque tú estás diciendo que yo tomo whisky, cosa que detesto. Yo no les derramé un whisky encima, les lancé un ron”.

Monday, August 26, 2013

Lo cómico de la muerte


Hace un par de meses me llamaron para participar en un video de sordo-mudos. La idea es que me iban a enseñar el idioma y yo iba a dar un mensaje con mis manos. Cosa que me gustó, yo hablo demasiado con las manos de todas maneras. El nombre de la productora que me llamó se perdió en la agenda y en la memoria hasta que un día volvió a sonar el teléfono. “Mira, que si puedes venir a grabar el video… ¡Excelente! … No vale, encantada yo… qué chévere… sí mira, es en la Iglesia de Manzanares, ¿sabes? Ok, atrás hay unos nichos fúnebres. Ahí nos vemos… ¡Bye!”

Una cosa es echármelas más que el traductor sordomudo en la edición meridiana del noticiero Venevisión. Otra muy distinta es jugar a la Ouija.

Pues yo me fui al cementerio. Igual iba a ser buen cuento pasara lo que pasara. Ahí me esperaban cuatro muchachos con unos Torontos, una Coca Cola de lata con un vaso de hielo y una caja de Astor Azul. Claramente me compraron. Nadie me había recibido tan alfombra roja como ellos y me pareció un detallazo. Hasta que les pregunté por qué habían escogido una locación tan fantasmagórica para mandar un mensaje institucional a nuestros amigos sordo-mudos.

Menos mal no eran ciegos porque su cara fue un poema.

Resulta que yo me había equivocado y también le había dicho que sí a ayudar a una chama en su tesis sobre como los venezolanos percibimos la muerte. Ella quería mi opinión sobre si el venezolano le encuentra humor a la muerte o si todo le parece una tragedia. Como más lógica la locación entonces.

Dar una entrevista en un cementerio no es cosa fácil. Mientras los muchachos cuadraban su cámara, micrófono y anime para cuadrar la luz yo leía los nombres de las personas que descansan ahí. Así se ha debido sentir Mulan en el templo de sus antepasados, pensé.

Para distraerme me puse a leer los nombres y fechas en los nichos. Como en todo cementerio, había jóvenes y había viejos. ¿Le encontrarían ellos algo de humor a su propia muerte? No lo sé. Jamás me he muerto, pues. Pero aunque intenté ser serio en todo momento, dado el respeto del lugar, espero que por lo menos se hayan reído con algunos de los cuentos que eché sobre como yo veo la muerte. Porque espero que cuando sus familiares los visiten, no solo le digan cuánto los echan de menos, sino que les echen un cuento cómico.

Es que es la pura verdad, para mí los venezolanos lloran a sus muertos pero una vez que se comprende la tragedia (que pueden ser días o años), siempre se habla de ellos como si estuvieran aquí con nosotros. El venezolano no se ríe de la muerte (sacrilegio), pero si encuentra algo del muerto que tarde o temprano lo hace sonreír. Por alguna razón, la muerte se equipara a las fotos una vez que la misma se revela. De todo lo horroroso, siempre te quedas con lo mejor para el recuerdo.

Me viene a la mente mi abuelo Branger por ejemplo. Él decía que una botella de vino no se podía dejar por la mitad porque era un insulto para los que extirparon las uvas. ¡Había que tomársela integra! Mi abuelo debe tener más de quince años que se fue al bar en el Cielo y cada vez que yo abro una botella de vino no me acuerdo de su cáncer, me acuerdo de su frase que me hace sonreír.

Uno de los días más bonitos que yo he pasado con mi familia Aguerrevere fue el día que se fue Viejo, mi otro abuelo. Fuimos al cementerio, lloraron los que querían llorar (los Aguerrevere no lloran a mares ni ríen a carcajadas, es una tragedia) y después nos fuimos todos a una casa a almorzar y a descorchar botellas. Cada quien echó cuentos cómicos sobre él y sin duda así ha quedado siempre. Un echador de vaina que cumplía los 27 de noviembre.  De la fecha de su muerte borré el número y el mes de mi cabeza. Solo recuerdo que ese día tuve un almuerzo espectacular con mi gente.

Me gustó el ejercicio de colaborar con esta tesis porque, además de unos Torontos, me hizo ver frente a esos nichos cubiertos de flores que ahí está la gente cuyo chance para un cuento cómico se les venció. Una vez que te vas todo depende de los demás. Ese es el humor detrás de la muerte entonces. Vive tu vida como para que alguien eche un cuento cómico sobre ti cuando ya no estés. ¿Cuál es ese cuento? Eso no es problema tuyo, ya tú te despachaste. Que lo escojan los demás. Por eso hay que cerciorarse de dejar un buen menú. Y Torontos, pues. Solo porque los Torontos son lo máximo.

Thursday, June 6, 2013

This Is Water


Vi este video hace un par de semanas y todavía sigo pensando en él. El canal de YouTube dice lo siguiente: “En el año 2005, el autor David Foster Wallace dio el discurso de graduación en el Colegio Universitario de Kenyon. Sin embargo, el discurso no fue popularmente conocido hasta tres años después, luego de su trágica muerte. Sin duda, el discurso constituye el mejor consejo de vida que los autores de este video han conseguido y quizás la explicación más simple y elegante sobre el valor real de la educación”.

Tuesday, October 2, 2012

Cinco Mil Días Son Suficientes


Solamente te vi una vez en mi vida.  Fuiste invitado por mi sección en la Escuela de Derecho de la UCAB para que vinieras a exponer tu plan de gobierno como candidato a la Presidencia de la República. El Auditorio Hermano Lanz no se llenó tanto con Henrique Salas Romer, mucho menos con Irene Sáez, como se llenó contigo. Hablabas en ese entonces de crear una patria de derechos para todos, libre de corrupción, delincuencia y burocracia. Ya ahí mencionabas la idea de entregar el poder en el caso de probar ser inservible para una Venezuela necesitada de líderes. No ibas a ser tú la piedra entre el estancamiento y el progreso.
Igual no voté por ti. 
Tú eras solo un militar mediático que estuvo en el momento adecuado en el lugar indicado. Pero la diferencia es que a mi me enseñaron que no se puede fiar de hombres que suben tanquetas por escaleras de mármol. Mucho menos de los que fallan. 
El pueblo no lo vio de esa manera. Te escogieron, lo respeté. Tres veces lo he respetado.
Cinco mil días después sigues aquí. Ya no eres flacuchento. Hay algo de estar en el poder que engorda y no sé que es. Contigo ha cambiado el nombre de mi país, su bandera, su escudo, la iconografía del Libertador, la moneda e incluso el huso horario. Te faltó la capital. Ahora que lo pienso, esa es la única medida que hubiera apoyado. Una ciudad tan poco céntrica y tan cerca del mar no puede ser la cuna de poderes de un Estado. En los términos militares que tanto te gustan, no es considerado estratégico.
Porque vaya que de estrategias nos has hablado. También de guerras imaginarias, magnicidios, invasiones, submarinos, mercenarios e imperialismos. Jamás he entendido tu fascinación por los Estados Unidos. Como tú, tampoco son la gran vaina. Ningún país que pase seis meses bajo la nieve puede serlo. Pero tú insistes en elucubrar sobre ataques fantásticos con la condecoración de aduladores militares y la compra mil millonaria de armamentos que jamás serán usados. Armas de guerra para exigir el respeto de una nación que sin vergüenza y contra todo su historial diplomático ha irrespetado a reyes, presidentes, líderes y pueblos. Has tratado a Venezuela como una trinchera que denuncia a los bienintencionados y la has aliado con líderes tiránicos, lambucios de petróleo, jala bolas sin escrúpulos y por alguna extraña razón que creo ni tú mismo entendiste, Naomi Campbell.
Son cinco mil días de ti. 3500 horas en cadena nacional de tu voz. Donde has hablado de todo menos de lo que la gente más te pide: inclusión y dignidad. “Si no es chavista, no es venezolano” ¿Por qué la creación de un enemigo cuya cédula es la misma que la tuya? La peor sensación del mundo no es sentirse querido. Es saberse excluido. Tu Venezuela “ahora es de todos”. Pero no es para los que labraron sus tierras con esfuerzo y gerencia, ni de los funcionarios que tomaron decisiones contrarias a ti pero ajustadas a la Ley. Tampoco es de los que formaron PDVSA, ni  los que hicieron RCTV, por nombrar los más emblemáticos. Demasiados pitos y gritos de despido hemos oído en estos cinco mil días como para enunciarte una lista completa. Uno de ellos te juzgará en el futuro. Los derechos humanos no prescriben así como los corazones rotos no olvidan la tiranía de un cuchillo afilado.
Son demasiadas marramucias juntas en cinco mil días. Demasiados libros que no se deberían leer en este siglo como para creer en el progreso con el que tanto te ufanas. Demasiada fachada de la Virgen con metralleta y poca habitabilidad para adolescentes que no tienen razón de estar embarazadas. Mucho cartel de no fumar y poco hospital que atienda a los enfermos. Demasiado cartelón de prohibición de porte de armas para la cantidad de hombres balaceados en las calles. Más de 155 mil muertes violentas en Venezuela desde 1999 confirman que no somos un país alegre: somos una nación de viudas y de madres sin hijo. No hay ni una sola familia en Venezuela que no tenga un cuento cercano de un secuestro. ¿A dónde fue a parar la plata del rescate? ¿Quién se hizo rico? Hay demasiada droga y demasiada Hummer en el país como para creer que el Socialismo del Siglo XXI no va a tardar unos cuantos siglos más en llegar.  Si es que llega. Y lo peor es que eso tú no lo sabes.
No, no eres el hombre del siglo pasado que prometía cambiarse el nombre si veía a un niño en la calle, entregar Miraflores para crear una universidad y bañarse en un Guaire saneado. Eres alguien que no puede transitar por todo el país sin un sequito de guardaespaldas y focas a su lado. Por lo menos sabes lo que es sentirse amurallado. En eso nos parecemos. De resto eres alguien que ignora lo que es despertarse de madrugada para agarrar un ticket en una clínica, estar atrapado en un tráfico, o armar una carpeta para pedir sus reales bien ganados de manera limitada. Eres el único venezolano que no tiene que esperar a otro día porque ese día le toca a los de otra nacionalidad privilegiada. En tu nevera nada falta cuando el resto no consigue ni leche ni aceite. Y de apagones y falta de gas y agua nada sabes. ¿Cómo puedes saberlo? Si en tus shows nunca hay pausas.
Tú has sido el tema principal en la mesa de mi casa por cinco mil días. El motivo por el cual yo voy a más despedidas que a bienvenidas de mis más talentosas amistades. Me he desvelado con tu comentador estrella en el canal oficial del Estado y leído suficiente material del 11 de abril como para saber que una mentira dicha mil veces termina por encerrar a los que no callan sus verdades. He visto como un mausoleo constituye tu único legado, aun cuando esta promesa al Padre de la Patria sigue retrasadamente inacabada. He tragado "gas del bueno", llorado por muertos que no conozco y visto como derriban estatuas. Y llegó el momento de dejar de decir "por ahora" y comenzar a exclamar "¡ya basta!"
 Ya basta. Catorce años son suficientes. No por lo que no hiciste, sino por lo que no vas a hacer jamás. Pues son cinco mil los días en los que tú me has llamado apátrida y son cinco mil los días  que yo he esperado. Para que tú tengas la valentía de admitir públicamente que yo lo único que soy es un venezolano.
Jamás lo harás. Te vi una sola vez en mi vida y aún así te conozco demasiado.
Chao, Hugo. Para siempre.-

Monday, September 10, 2012

Almas en Desnivel


Las luces del edificio se apagan lentamente
hasta que solo brilla la del hombre que escribe una carta de amor
y la de la solitaria que desea leerla.

Friday, September 7, 2012

Las Verdades Que Te Entierran


Hoy me pasó algo desagradable: dije una verdad. Y descubrí que cuando uno dice las verdades, ni siquiera se da cuenta. Son los otros los que se percatan de ellas. Mi día pasó como cualquier otro, una agenda por cumplir sin el tiempo suficiente para gozarme el Sol. Ignorando que en ese mismo momento alguien le contaba a otra mi verdad y ésta pasaba a convertirse en una gran mentira.

Cuando uno se entera de que alguien habla mal de otro, lo lógico es levantar el teléfono. Pero eso no sucede. Nos gusta jugar al telefonito como cuando éramos chamos. Un secreteo al oído cambia palabras y de repente el emisor de mensajes se encuentra bajo tierra. Porque eso hacen las verdades mal contadas. Te entierran y te hacen misa pero no te guardan luto.

Y lo que más aprecio de mi día es que la persona afectada haya tenido la cortesía de llamarme en el mismo momento en que yo dejaba un mensaje. De explicar lo que le habían contado y de oír lo que yo había dicho. De entender el porqué dije la verdad y de estar de acuerdo conmigo. A sabiendas de que hay plañideras que les gusta entumecer lo que en piedra nunca fue escrito.

Hay gente noble en este mundo. Y yo no soy una de ellas. A pesar de que digo la verdad. Duélale a la plañidera.-

Let it go, let it go. This water lives in Mombasa anyway. (Out of Africa)



Thursday, August 30, 2012

Gana el que se lo goce más



Josefa me preguntó esta mañana si me sentía nervioso por ser jurado en el Miss Venezuela. Le respondí que de ninguna manera me sentía nervioso pues mi función es sentarme cuatro horas sin derecho a tequeño a ver mujeres bonitas. Si algo sentía era la necesidad de un puff y un cenicero para hacer de esta una noche perfecta. Pero su respuesta a la mía me hizo pensar. Me dijo lo siguiente: “No, Don Totín le pregunto si siente nervios al saber que usted le va a cambiar la vida a alguien.”

La frivolidad de un concurso de belleza radica en la subjetividad de escoger a una mujer como la más bella de una nación. Es la cosa más ilógica del mundo porque lo que es bello para uno puede ser feo para el otro. Pero a pesar de esto, la vida de la muchacha escogida cambia para siempre. Todo porque unas personas que no conoce a fondo anotaron en un papel de votación que ese es su destino. Demonios, Josefa me puso nervioso.

Cuando yo entrenaba chamos para los Modelos de Naciones Unidas el proceso era el mismo. Una persona entraba a un salón donde se le acribillaba sobre la situación en Darfur, la mutilación vaginal y el acuerdo de Caracas. No se juzgaba por sus conocimientos sino más bien por su creatividad, espontaneidad y ganas de resaltar sobre los demás para ocupar una de las plazas del equipo. Sacando la cuenta, a lo largo de los años entrevisté a 450 estudiantes. La vida de 180 de ellos cambió porque le vimos algo, un no se qué que no lo tiene todo el mundo. Hoy muchos de ellos son mis amigos, la gente más emprendedora que conozco. El resto que no quedó se labró otro destino el cual desconozco. Pero tiendo a pensar que les fue bien.

Ahora, ¿fueron esos 180 los destinados a brillar? ¿Habrá uno que otro con potencial que no vi en esa entrevista? ¿Quién será hoy en día? Jamás lo sabré. Yo solo sé que de alguna manera u otra le cambié la vida a los míos de la misma manera en la cual me cambiaron la vida a mí cuando a los 19 años decidí aventurarme a entrar a un Modelo de Naciones Unidas.

No lo podía saber entonces pero el día de mi entrevista para ese Modelo yo tomé una decisión. Yo me la gocé. Podía quedar o no quedar pero eso no me iba a frenar a mí de tener mi momento. De decirle al jurado, “este soy yo. Lo que necesito de ustedes es mercadeo y ventas”. Me gusta pensar que eso se vio. Tuve el poder de decidir que me iba a ir chévere. Y me fue. Esos jueces, hoy en día anónimos, me cambiaron la vida a mí al escogerme. Nada en mi vida adulta posterior a eso se ha comparado con lo que yo aprendí gracias a que alguien tuvo la osadía de estar de acuerdo con el hecho de que yo me había gozado esa entrevista.

Lo comparo con esto del Miss Venezuela porque me parece igual pero con la belleza. Allá afuera hay una niña que salió de su casa porque alguien le dijo que era bella y entendió el potencial de hacer de eso una herramienta para el éxito futuro. A su lado se encuentra alguna sifrina bonita que también tiene los meritos pero sabe que de no ganar su vida continúa. A su lado también está una que es ahora o de vuelta al rancho. Este es su trampolín para salir de una vida que no quiere continuar.

¿Quién de las tres se merece el puesto? ¿La que lo ha tenido todo, la que no ha tenido nada o la que de verdad tiene las ganas sin importar de donde venga? Me voy a ir por la que más se goce la noche. Gane o pierda, esa es una mujer que tiene el poder de decir “qué chévere” a la experiencia. Que cada vez que salga haga sentir al público que su momento es ahora o nunca. Puede fracasar más adelante en la vida o quizás tenga más éxito que un ganador de lotería que abre una cuenta de ahorros. Pero el momento se lo vivió. Se gozó su noche y le hizo saber a todos los demás que ella va en serio. Y para mí, esa es la mujer que vale la pena coronar.

Hay que ver que Josefa es sabia. Esto como que es toda una responsabilidad.-

Sunday, July 8, 2012

Un Paseo por Auschwitz

Nunca he contado en el blog mis historias sobre el viaje que hice a Europa Oriental en mayo pasado. Las guardo para ver si me siento un día de estos a desarrollarlas en algo más. Este extracto lo escribí para la edición que salió en la revista Climax del viernes y me pareció bueno compartirlo.

La entrada de Auschwitz con su famoso letrero. Es un sitio de silencio absoluto
Son las nueve de la mañana de un martes. Afuera hacen once grados centígrados de temperatura pero se sienten como cinco. Ser del trópico significa jamás saber hacer una maleta con ropa adecuada. Estoy en la mitad de lo que he catalogado mi tour de quinceañeros por ciudades ex-comunistas. El brochure decía “Europa Oriental” pero cuando pasas por Budapest, Bratislava, Cracovia y Varsovia, sabes que el tour implica un puñal histórico sobre la II Guerra Mundial.

Hoy estoy en Polonia, concretamente en el pueblo de Oświęcim. Su nombre no significa mucho para el resto del mundo salvo cuando se le llama por su nombre en alemán: Auschwitz. Ahí cambia todo. Es la cuna del horror, la vergüenza mundial causada por los Nazis, quienes entre 1940 y 1945 aniquilaron a cerca de 1.5 millones de personas en los tres campos de concentración que en esa población construyeron.

Llegar hacia Auschwitz es quizás la experiencia más surrealista del mundo. Los libros de Historia jamás te dicen que los campos quedan dentro de una ciudad. Uno solo se imagina que va a estar ahí y ya. Pero la carretera que te lleva a Auschwitz pasa por un pueblo lleno de casas, ensambladoras, iglesias y, porque la vida es irónica, un Kentucky Fried Chicken. Nadie quiso vivir ahí después de la guerra, pero la tierra era tan barata que se levantó una civilización.

El centro administrativo de todo el complejo, Auschwitz I, parece una aldea sacada de Harry Potter. Las casas de ladrillo oscuro de dos pisos estás espaciadas por una vereda de tierra. No hay más peligro allí pero el silencio es aterrador. Sobre todo cuando paso por debajo del famoso letrero Arbeit macht frei (el trabajo te hará libre). Son demasiados los testimonios como para olvidar momentáneamente que por ahí pasó demasiada gente. Son sus historias lo que hacen de este sitio un horror.


Adentro de las casas es peor. Las camas son de tres niveles donde obligaban a las personas a dormir dos y hasta tres por cama y los lavatorios no son suficientes para la capacidad. Los suelos rojos te llevan a través de corredores de donde cuelgan fotografías de centenares de reclusos. Todos tienen la fecha en la que entraron al campo, su fecha de muerte siendo cuestión de semanas después. La guía cuenta que 680 bebés nacieron allí. Solamente 46 salieron vivos.


Auschwitz-Birkenau. En el medio (no se ve) una fila completa de letrinas. Los Nazis contaban hasta cinco.

Exhibidos están 40 kilos de anteojos y maletas que no encontraron otro destino que el saqueo. En un ventanal hay ollas azules que no vieron fogón; en otro 1954 kilos de pelo humano utilizado para hacer telas. Las cárceles del sótano –algunas para estar de pie- y los crematorios provocan nauseas. Pero no es hasta que veo un corredor de ventanales aglomerado de zapatos donde me doy cuenta de verdad que aquí murieron demasiados como para que la Humanidad los olvide.



Hay que ir a Auschwitz una vez en la vida. Es una peregrinación de introspección que no causa lástima sino indignación. No es tanto el pesar que te deja sino el aprendizaje. Sobre las personas que podríamos llegar a ser si no tomamos en cuenta los derechos humanos de los demás. Poco a poco los afortunados que fueron liberados fallecen como consecuencia de su vejez. Es tarea de la Humanidad nutrirse de su legado y narrar sus historias. Para que nunca más suframos el horror que a algunos por desgracia les tocó vivir.-

Tuesday, June 26, 2012

Si no es chavista, no es venezolano


Hoy me he pasado la mañana mirando mi cédula de identidad. No la he visto con detenimiento desde que me la saqué por primera vez a los nueve años. Ese acto marcó mi vida pues no solo me dio un número de identificación, también me obligó a meterme una cartera en el bolsillo trasero de mi pantalón. La ciudadanía hace eso, te regala identidad y una nalga más acolchada que la otra.

Miro el papel plastificado y solo pienso en una cosa: Dios qué sexy es mi huella dactilar. Veo mi foto y confirmo que no es casualidad que el “SOLTERO” vaya en mayúsculas. Compruebo mis nombres, mi fecha de nacimiento y opino que mi firma es más de autógrafo que la del director del SAIME. Sí, todo está normal, hasta la identificación del país al cual pertenezco y más abajo la nacionalidad que ostento. “VENEZOLANO”, dice, así en letras negritas como para que no se me olvide jamás.

Volteo la cédula para ver si por ahí está lo que busco pero no encuentro nada (mentira, hay una calcomanía de Badtz-Maru que me pegó mi sobrina y me parece lo máximo). La pongo a contraluz para ver si hay una marca de agua, un holograma o algún mensaje oculto que excitaría a John Nash. Pero nada sale. En mi cedula de identidad no dice que yo soy chavista.

En el aniversario de la Batalla de Carabobo, el Presidente de mi país dijo: “si no es chavista, no es venezolano”. Una frase que no la inventó él pero que manda a gente como yo a sacar su cédula. Hace dos mil años Jesús patentó el cartelón que dice: “el que no está conmigo, está en mi contra”. Luego inventaron el micrófono y Lenin lo aprovechó para gritar: “cada hombre debe elegir si está de nuestro lado o en el otro lado”. Y en una galaxia muy, muy lejos de aquí, Darth Vader se lanzó entre alientos: “si no estás conmigo, entonces sois mi enemigo”. En conclusión, el Presidente es medio copioneto pero se le perdona porque La Guerra de las Galaxias tiene una cita pa’ todo.

Esa frase me inquieta. Si mi cédula dice que soy venezolano pero el Presidente dice que no lo soy porque no creo en el chavismo, ¿quién tiene la razón? Me voy a la Constitución para que me aclare la pregunta pero entre la maraña de “serán venezolanos y venezolanas los y las nacidos y nacidas dentro y dentra del territorio y territoria”, ¿quién entiende si ahí dice que hay que ser chavista y chavisto también?

Decido darle el beneficio de la duda al Presidente por un momento. Está bien, como no soy chavista no soy venezolano. Pero si eso es así, creo que me tiene que aclarar algo que no entiendo: ¿de dónde soy entonces? Yo tengo un acta de nacimiento, una cédula de identidad, una licencia de conducir y un pasaporte que dicen “Venezuela” por todas partes. Pero si eso no queda en la misma Venezuela que se profesa chavista, entonces yo estoy perdido.

El problema con una frase como esa es que no da una dirección. No es como cuando la gente te dice: “No mi rey, usted está en el piso 8. Tiene que subir al piso 9 pero suba al 10 y baje porque el ascensor está malo”. Ahí yo sé como es la guarandinga. Pero si el Presidente no se lanza una de P. Sherman, Calle Wallaby 42, Sydney, si aquí no hay una Oficina del Ministerio del Poder Popular para la Gente Desubicada, entonces yo tengo que asumir que soy venezolano y quepo en este país a pesar de no ser chavista.

Espero que las palabras dichas por el Presidente se las lleve el viento. No solo porque nadie me puede decir cómo debo pensar, sino porque en verdad no tengo a donde ir. Mi familia llegó a Venezuela cuando los Aeroexpreso Ejecutivos se manejaban a lo Picapiedra. Me entiendo con la gente que dice “buenas” y me encanta vivir en un sitio donde solo uso suéter cuando Pacheco me sigue en Twitter. No tengo problemas con una Constitución Nacional que valora el pluralismo político y la democracia por igual. Si yo creo en todo eso, Presidente, ¿cuál es su problema con que yo me niegue a usar su apellido?

No quiero ser chavista, ni tampoco caprilista o norkisbatista. Yo solo quiero ser lo que dice mi cédula: “venezolano”. Y odiaría pensar que un día me digan que si no acepto las condiciones de un partido me tenga que largar de Venezuela. Me moriría tener que entregar mi cédula de identidad en una puerta de embarque y decir afuera que vengo de la Nada solo porque un Presidente decidió que yo no tengo nacionalidad. Lo que quiero es contar con un mandatario que diga “tú eres tan venezolano como yo”. Porque eso es lo que hacen los líderes modernos, incluyen por sobre todas las cosas a todo aquel que llame a una nación su país. Sin importar cómo piense.-

Tuesday, June 19, 2012

A Maléfica nunca le enviaron una participación


Disney acaba de publicar la primera imagen de Angelina Jolie como Maléfica en la película del mimso nombre que se estrenará en el 2014. El parecido es increíble con el dibujo animado de 1959, lo cual abre una gran expectativa ya que Jolie es perfecta para el papel. Yo no sé la razón pero toda la vida me ha parecido que Maléfica está buena. Ahora, también tengo que ir al oculista pronto porque no veo de lejos así que de repente estoy equivocado.

Lo que sí me gusta de Maléfica es que lleva la personalidad, además de la razón más cool para volver ñoña a un reino: no la invitaron a un bonche. Eso no lo tenían los otros villanos, quienes sufrían de un complejo o tenían una necesidad. Por ejemplo, la bruja de Blanca Nieves quería ser bella sin Botox y la madrastra en Cenicienta estaba urgida de una muchacha fija. En cambio Hades, Scar, Úrsula y Jafar solo querían gobernar a punta de un golpe de Estado. Lo único que no he descubierto todavía es ¿qué demonios quería el Capitán Garfio?

Maléfica no era así, ella no necesitaba nada pues era todo lo que podía ser: una emperatriz del mal con un gusto preocupante por el polvo de cara verde. Tenía una legión de trolls, una vara con WiFi y un cuervo que le podía ir a buscar un Kentucky Fried Chicken cuando le provocara. Si me preguntan a mí, la relacionista pública del Rey Estéfano se peló. La primera en mi lista de invitados hubiera sido la Señora Maléfica Gutiérrez. ¿Saben lo difícil que es vivir en el siglo XIV y conseguir recepción de señal para esa vara?

He estado pensando en Maléfica porque a mi casa ha llegado una tarjeta de participación. Eso es cuando no te invitan a una fiesta pero te participan que la van a hacer para que no te sientas. Aparentemente es una costumbre elegante que ya no se usa. Pero me gusta pensar que es la manera más bonita que tiene la Papelería Crane para decir: “no te vistas que no vas”.

Me ando debatiendo sobre la tarjeta pues una cosa es que te inviten y otra es que no lo hagan. A Maléfica no le dieron ese término medio. Ni siquiera la opción para que pusiera “Maybe Attending” en Facebook. A mí sí. Una persona se tomó la molestia de imprimir una tarjeta, mandarle a escribir mi nombre en letra Vivaldi y traérmela a mi casa a una hora fantasmal para no toparse conmigo. Me parece un buen gesto aunque considerando el trajín y el tráfico (amén de que no soy tan amigo aparentemente), yo me hubiera hecho el loco.

Lo que yo me pregunto es: si te mandan una participación ¿hay que enviar regalo? Cuando te invitan de verdad, verdad es educado reciprocar el gesto. Pero cuando te invitan pero no te invitan ¿no sería lógico enviar una tarjeta que dijera: “te participo que no te voy a comprar nada”? Esto es lo que pasa cuando Disney no te enseña todo lo que tienes que saber en la vida. Si a Maléfica le hubieran enviado una participación se hubiera vuelto un culo.

La verdad es que hubiera preferido que no me mandaran una tarjeta aunque estoy agradecido igual. Todo lo que implique no ponerse un flux es bueno. O quizás hubiera preferido que me enviaran una tarjeta que dijera: “Te participo que puedes colearte a mi fiesta a partir de las 12 de la noche”. ¿No es genial? Cuando la gente se casa se ven obligados a invitar a 777 viejos de la tercera edad que se comen todos los arruchaditos y se van a las 9:30. Esos los tienes que invitar. No por obligación sino porque son la gente que te regala cuadros.

Pero la gente que consideras tus amigos (los tipo Facebook, los amigos “amigos” de cajón que están invitados) se quedan por fuera. Y eso es porque nadie participa que pueden venir cuando el último viejo ya bailó el pasodoble y saludó a la novia diciéndole “¿y ésta quién es?” Así sí vale la pena una participación. Uno no va a los eventos donde no está invitado, pero si te participan que te puedes colear, es un insulto decir que no.

Yo lo voy a dejar de ese tamaño. O de repente les mando una cajita de Valium como la que le dio Maléfica a la Princesa Aurora por picada. Considerando estos tiempos de crisis, regalar una pastilla para dormir tiene que ser lo máximo. No estoy invitado a la fiesta pero por lo menos nadie puede decir que mi participación en la escogencia del regalo no fue memorable.

Wednesday, May 2, 2012

La Paciencia


Esto es una traducción al español de un texto que leí en inglés y me pareció fenomenal compartirlo. Toda una lección sobre la paciencia, tan necesaria en estos tiempos.

Un taxista, Nueva York, 2:30 a.m.

Llegué a la dirección y toqué la corneta. Luego de esperar unos minutos, la toqué otra vez. Dado a que este sería el último servicio de mi turno, pensé en irme pero en cambio apagué el carro, caminé hacia la puerta y toqué… “Un momento,” me contestó una voz frágil y añeja. Podía oír como algo estaba siendo arrastrado por el piso.

Luego de una larga pausa, la puerta se abrió. Una mujer pequeña de unos noventa años se postró frente a mí. Llevaba un vestido estampado y un sombrero pastillero con un velo sobre él, parecía alguien sacado de una película de los años cuarenta.

A su lado tenía una pequeña maleta de nylon. El apartamento parecía como si nadie hubiera vivido ahí por años. Todos los muebles estaban cubiertos por sabanas.

No había relojes en las paredes, ni adornos o utensilios en los estantes. En la esquina había una caja de cartón repleta con fotos y cristalería.

“¿Me podría llevar la maleta hacia el carro?” dijo ella. Tomé la maleta, la llevé al taxi y me devolví para asistir a la mujer.

Ella me tomó del brazo y caminamos lentamente hacia la curva.

Seguía dándome las gracias por mi amabilidad. “No es nada”, le dije… “Yo trato a mis pasajeros de la misma forma en la que quisiera que trataran a mi madre.”

“Oh, eres tan buen chico,” me dijo. Cuando nos montamos en el taxi me dio una dirección y luego me preguntó, “¿Le importaría manejar por el centro de la ciudad?”

“No es la vía más rápida,” le respondí rápidamente.

“Oh, no me importa”, dijo ella. “No estoy en ningún apuro. Estoy en camino a un hospicio”.

Miré por el espejo retrovisor. Sus ojos estaban brillantes. “No me quedan más familiares,” continuó en una voz suave. “El doctor dice que no tengo mucho tiempo más.” En silencio, apagué el taxímetro.

“¿Por cuál ruta le gustaría que la llevara?”, le pregunté.

Durante las próximas dos horas manejamos por la ciudad. Ella me mostró el edificio donde alguna vez trabajó como ascensorista.

Manejamos por la urbanización donde ella y su esposo habían vivido como recién casados. Hizo que me detuviera en frente de un almacén de muebles el cual había sido un salón de bailes donde ella había bailado de joven.

A veces me pedía que redujera la velocidad frente a un edificio en particular o una esquina y se quedaba mirando hacia la oscuridad, en silencio.

Con el primer rayo de sol apareciendo sobre el horizonte, de pronto me dijo, “Estoy cansada. Vámonos ya.”

Manejamos en silencio hacia la dirección que me había dado. Era un edificio chato, como un hogar pequeño de convalecientes, con un camino de entrada que pasaba por un pórtico.

Al llegar, dos enfermeros salieron hacia el taxi. Eran atentos y amables, observando cada paso que ella tomaba. Estoy seguro que la habían estado esperando.

Abrí la maleta y llevé la pequeña maleta hacia la puerta. La mujer ya estaba sentada en una silla de ruedas.

“¿Cuánto le debo?” me preguntó, mientras metía la mano en su cartera.

“Nada,” le dije.

“Usted debe ganarse el pan,” me contestó.

“Hay otros pasajeros,” le respondí.

Casi sin pensarlo, me agaché y le di un abrazo. Ella se aferró a mí con fuerza.

“Usted le dio a una vieja mujer un momento de alegría,” me dijo. “Gracias.”

Apreté su mano y luego caminé hacia la tenue luz de la mañana… Una puerta se cerró detrás de mí. Era el sonido del cierre de una vida.

No recogí a más pasajeros en ese turno. Manejé sin rumbo, perdido entre mis pensamientos. Casi no pude hablar durante el resto del día. ¿Qué hubiera pasado si a esa mujer le hubiera tocado un conductor malhumorado, o uno que estaba impaciente al final de su jornada? ¿Si yo hubiera rechazado tomar la carrera, o tocado la corneta una sola vez e irme?

En resumidas cuentas, no creo que haya hecho nada más importante en mi vida que esto.

Estamos condicionados a creer que nuestras vidas giran en torno a grandes momentos.

Pero muchas veces los grandes momentos nos agarran de sorpresa, bellamente envueltos en lo que otros podrían considerar un momento trivial.-

Friday, April 27, 2012

Interpretes de Ideas



Hace un par de meses, la consultora MBLM me invitó para que diera una charla a sus empleados sobre mi trabajo. Eso es chévere para cualquiera. Cuando uno es un Leo inseguro con necesidad de aceptación eso es lo máximo. Hablamos sobre el blog, el libro y mis trabajos con nueve jefes pero sobre todo de la interpretación de una idea que un cliente quiere llevar a cabo.

En realidad son pocas las veces en las que una revista en la cual trabajo me dice a mí lo que quiere de mis escritos. Tengo rienda suelta y carta blanca para escribir sobre lo que me venga en gana lo cual ciertamente es una bendición pero puede llegar a ser un calvario. Nada peor para alguien con una fecha de cierre que abrir una página en Word, levantar las manos sobre el teclado cual Rachmaninoff y darse cuenta de que no tiene la menor idea sobre qué escribir.

Uno puede tener mil ideas maravillosas en la cabeza pero hasta que no te sientes a escribir una sola de ellas son solo eso, ideas. Cada vez más me encuentro con gente que me dice que a ellos les encantaría escribir, que tienen una idea sensacional sobre un platillo volador que se postra sobre el Cerro Ávila y no pueden conquistar la ciudad porque no puede entender que el tráfico no sea una armada humanoide a la defensiva. Siempre contesto: ¿y qué esperas?

Yo creo que más que una imposibilidad de escribir (a fin de cuentas escribir es combinar letras) es un gran temor a la crítica. Pero eso nos pasa a todos… Para mí, escribir para una revista como UB es lo más fácil del mundo, soy yo y lo que pienso. Para Clímax me pasa lo contrario, veo quienes escriben conmigo y me da un miedo terrible. Y no hay nada más fastidioso que compararse con gente que no le llegas ni a los talones. Porque te encierras tanto que hasta del closet de Narnia te escupen por intenso.

Lo mejor es creer en tu idea, o en la idea que te da un cliente, y echarle dedo al teclado. A lo sumo llegarás a cuatro párrafos de errores pero darás con una frase sensacional. Borra todo lo demás y construye a partir de la interpretación de esa frase. A mí me ayuda cambiar  hasta de tipo de letra. Aprendí esta semana que en verdad la gente no piensa tanto en ti como crees. Eso es tan liberador como ir desnudo desde tu cuarto hasta la cocina. Entonces si nadie habla de nosotros, ¿qué esperamos? Es cuestión de tiempo antes de que alguien escriba la historia de los aliens en el Ávila antes que tú.

Pero, ¿es buena la idea? Qué voy a saber yo. Suena bien pero si no la interpretas, la escribes y la desarrollas es solo una habladera de paja. Mario Puzo decía que no era recomendable hablar de lo que se iba a escribir sino de lo que ya se había escrito. Eso es. La idea sensacional está en la cabeza. En pausa para otro momento mejor. Pero no podemos pasarnos la vida dándole pausa a la idea, como quien pausaba la escena en Tres Hombres y un Bebé para ver el fantasma detrás de la cortina. Hay que darle play a ver si la idea puede llegar a algo más, o si el fantasma de Tres Hombres sale en otra escena (no sale, yo he revisado).

Las empresas se pasan toda una vida interpretando ideas para clientes. Algunas vienen en servilletas, otras en una presentación de Power Point que Dios libre al diseñador gráfico que tenga que abrirla para que no se vaya en vomito. Estudian la factibilidad y  lo hacen. Esas son las buenas. Las empresas que estudian la factibilidad y luego se preguntan “¿por qué no?” son las mejores. No hay que temerle a una buena idea. Por eso es que los buhoneros que no trabajamos en empresas también debemos hacernos esa misma pregunta, mínimo tres veces al día: ¿Por qué no? ¿Por qué no? ¿Por qué no? A fin de cuentas, los aliens podrían estar a pata de mingo y ya no sería un cuento, sería noticia.-

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