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Wednesday, February 13, 2013

13. Berlín, Berlín que amuralló la verdad


Fueron amigos hasta que no tuvieron nada que decirse. Fueron amantes hasta que ya no les provocó besar. Fueron hermanos hasta que la sangre se hizo espesa.
Berlín, Berlín que amuralló la verdad.
La vida no está llena de Bob Sagets que sentaban a Donna Joe en su cama para explicarle el porqué había estado mal lo que había hecho en ese determinado capitulo. Esto se puede deber a que nadie la cagó tanto como las tres hermanas del show Full House (Tres por Tres) o que nadie en su sano juicio oiría consejos de un hombre con peinado de casco de medio lado y un sweater forrado de renos elaborado en crochet.
La vida está llena de gente que no tiene tiempo de oírte, de miserables personalidades que interrumpen cuando les cuentas que te vas a suicidar diciéndote que tienen una llamada en espera. Gente que te pregunta “¿y que hiciste ayer?” y tú los miras incrédulo porque no se acuerdan que anoche salieron contigo. Personas a las que no les importa tu cumpleaños porque se han calado treinta y cinco de ellos; que un problema romántico tuyo equivale a una rodada de ojos de ellos. Gente que te dice “inestable”, “no da pie con bola” y que si pudiesen sugerir un single que definiese tu vida, sería Borderline de Madonna, porque para ellos, así es tu vida. Y tú los amas y los adoras. Porque ellos te quieren a ti. Esos, son tus amigos.
Es mentira que están ahí en todo momento. No lo están. Eso se llama esposa cuaima, pero no amigo. Los amigos estuvieron y están en los momentos que importan. Estuvieron en la debacle de campamento infantil al que graciosamente te mandaron tus papás, el cual no terminó siendo más que un campo de concentración de trabajo forzado. Estuvieron contigo en la dirección cuando les llamaron la atención por halarle el velo a la monja. Estuvieron ahí para decirte qué poner en la planilla de inscripción de la universidad porque tú estabas siendo lo suficientemente cobarde como para poner exactamente lo que te había dicho tu papá. Estuvieron de pingüino en la misa de tu matrimonio, de corbata en el entierro de tu abuela y de cholas en tu excusa de luau para celebrar el bautizo de tu chamo. Pero cada vez más frecuente son pocas las veces en las que están todos los días. Porque ellos están viviendo su vida propia.
Aún así, eso no quiere decir que no están cuando más los necesitas. Tu amistad no se basa en cuantas veces lo ves de forma tridimensional sino en si son lo suficientemente inteligentes como para distinguir una llamada triste de una llamada borracha a las dos de la mañana. La primera amerita encendida de la lámpara de la mesita de noche. Siempre es sabroso hablar contigo. La segunda, una trancada olímpica. Hay gente que es padre. El problema es cuando tú dejas de hacer llamadas. Cuando sientes que la presión del mundo contra ti es tan grande, que ni el más grande de tus amigos te va a comprender. Cuando sientes que es más fácil llamar a tu cerebro porque tú todo lo puedes. El problema es cuando tú te construyes tu propio Muro de Berlín.
Tu problema no es tan grave como piensas. Compártelo. Tarde en la vida te darás cuenta que por haber labrado una telaraña de mentiras para promocionar la perfección de tu vida, tus amigos asumieron que estabas mejor que ellos y cambiaron de número celular sin que te enteraras. Si algo sabemos es que la voz que alerta: “Disculpe. El teléfono que Usted marcó, está suspendido” no es la más amistosa de todas. Para ese momento, ya para ti, será demasiado tarde. Ya tú ahí serás Berlín.-

Tuesday, February 12, 2013

12. El Mejor Donante Universal


Yo pasé años de mi vida contándole a todo el mundo que había visto a la Virgen María.  En la madrugada del 25 de diciembre una mujer espectacular con un manto blanco entró a mi cuarto. Al verme despierto, me dijo que me había traído los regalos de San Nicolás pero que debía dormir un poco más para que no despertara al resto de la casa. Tal aparición fue la cosa más mística que había experimentado a mis cortos seis años.
Años después me enteré que había sido mi mamá llegando de una rumba con un paño blanco en la cabeza para que no la descubriera. #kidfail 
No hay mejor experiencia que la de San Nicolás. El sexo es maravilloso y tomar también lo es, pero esa sola expectativa de que un gordito viene a tu casa a ponerte regalos sin que sea tu cumpleaños es tremendo gift card que te da la vida. El tema en el concurso 1 foto por día por 28 días para hoy era “un donante universal” y la verdad es que San Nicolás encaja perfectamente en el molde. Nadie dona más que él. O por lo menos tiene una relacionista pública estupenda, pues.
Salvo un subi-baja y el Nintendo y la discografía completa de Los Beatles, no recuerdo tanto regalos específicos como la emoción de esperar todos los años a este señor. Yo era de los que en julio escribía cartas para ver qué tal le iba en el Polo Norte. Le contaba sobre los nuevos juguetes que estaban saliendo en el mercado y le decía que había leído sobre renos. No sé cómo desaparecían las cartas (me imagino que la encarnación rascada de la Virgen estaba al tanto de mis newsletters) pero yo estaba interesadísimo en hacerle saber que para mí él –y Archi y He-Man eran lo máximo.
La foto es la primera que hago en vertical en el concurso, cosa que no me encanta mucho pero no me resultó de otra manera porque el San Nicolás este está como gordo. Pero la luz la puse como si hubiera llegado al alba a la casa donde va a dejar al tótem de regalo. Con esa misma luz fue la que yo vi a la Virgen. Se llama la “Luz Celestial del Llegué con El Periódico.” #graciasmadre

Monday, February 11, 2013

11. Una Garantía de Por Vida


Soy dueño de cuchillos, tostadora, póliza y muebles que vienen con una garantía de por vida. Materialista por convicción, me he enganchado en el fabuloso juego de la compra precisamente porque si se daña, me garantizan su arreglo.
Pero así no es la vida.
Nadie me garantiza que yo seré una persona feliz en la vida. Tampoco me han dicho que voy a ser un infeliz pero lo cierto es que no tengo una garantía cierta de cómo va a resultar mi vida. No sé hasta qué punto va a terminar la calvicie ni qué tan gordo seré a los cuarenta y tres. Nadie me garantiza que no llueva el día que me case o que haya sol en mi entierro. Quizás me encuentre a la persona más buena del mundo para que me acompañe a dormir en mi cama. Quizás no. Pero no hay garantía sobre cuándo volveré a dormir completamente solo. Ni siquiera tengo la garantía de que mis mejores amigos sean los mismos en siete años, ni que esté trabajando en lo que me gusta o manejando el carro que quiero.
La única garantía es que todo depende de cuánto quiero volar.-   

Sunday, February 10, 2013

10. El Daño Colateral de Ser el Dueño de Soldados Heridos


El tema diario para el reto 1 foto por día por 28 días sale puntualmente a las ocho de la noche del día anterior. Generalmente las hago en la tarde o cuando tenga tiempo pero cuando vi que el tema para hoy era un daño colateral, ni me lo pensé. Tengo suficientes soldados de plomo heridos como para no fotografiar su hospital.
Una de las cosas de coleccionar soldados es que inevitablemente se rompen. Puedes tener el mayor cuidado del mundo pero una mala mano tumba a tres y uno de ellos termina sin brazo. Recuerdo que el día que me gradué de abogado alguien me regaló una colección de seis soldados de la tropa inglesa en la I Guerra Mundial. Subiendo el regalero para mi cuarto en una de esas de “yo puedo con todo” la caja rodó escaleras abajo. Digamos que de haber sido por mí, los ingleses hubieran perdido la I Guerra Mundial.
Con el tótem me pasó lo mismo. Ayer encaramándolo sobre una campana de viento para tomar la foto del mensaje telepático que no envié, voló por los aires y cuando cayó me di cuenta que había perdido su oreja. Así que lo interné en el hospital de soldados descarriados. A fin de cuentas, más soldado ha sido él que se ha calado toda esta aventura.
Me gusta la sombra de la derecha aunque me imagino que es un Error 101 de la fotografía. Pero la interpreto también como un daño colateral. Todos los soldados sin brazos, banderas u orejas y una foto que tampoco salió del todo perfecta.-

Saturday, February 9, 2013

9. Un Mensaje Telepático: ¿Dónde se esconde el Tótem?


 
Comenzaron los Carnavales devaluados. Vamos a estar claros, dar un mensaje anunciando la devaluación de la moneda un viernes antes de Carnavales es lo más “tira la piedra, esconde la mano” que pueda existir en el mundo. La cobardía de no poder decir las cosas como son es lo que me enerva. “Nos gastamos TODO el dinero del mundo operando al carajo y logrando que ganara” es una posición mucho más lógica y verdadera que ir a crear algo llamado Órgano Superior para la Optimización del Sistema Cambiario. Solo les faltó añadir palabras como Ínter Meridional, Galáctica y Zamorana y toda esa parafernalia hubiera sido el nombre del balneario donde vacacionar Darth Vader.
 
Dicho esto, en la foto de hoy me tocó fotografiar un mensaje telepático. La instantánea que más queremos lógicamente es mandarle una señal de humo al Presidente pero como anda escondido, decidí jugar con ese elemento en mi foto. La mía se llama ¿Dónde está el tótem?
 
Una de las cosas particulares sobre el tótem es que no tiene un lugar fijo entre mis cosas. Mucho menos desde hace nueve días cuando decidí utilizarlo como figura en el reto de 1 foto por día por 29 días. Me pasa que termino de tomar la foto del día y lo dejo a él olvidado en el sitio donde la tomé. Al día siguiente cuando voy a comenzar el próximo reto, la primera pregunta que me hago es: “¿dónde carrizos dejé al tótem?”
 
Yo creo que se esconde.
 
Como yo no puedo hacer nada por buscar al tótem de verdad (está en Cuba) por lo menos puedo emplear a la mejor fuerza policial –Scotland Yard- para que busque al mío. No hay mejor mensaje telepático que una unión por una sola causa. En este caso, la misión es encontrar al prófugo del tótem para mañana pues hay fotos que tomar y él tiene que estar aquí. Por ahí la uniformidad y el color (que la verdad he debido usar el verde para seguir a tono con mis otras fotos) que hacen de los policías como si fueran morochos.
 
Mi amiga Ora me dijo el otro día que su nuevo "Where is Waldo?" es "¿Dónde está el Tótem?" A ver si lo consigue  en esta foto antes que los policías lo hagan.
 
Ya fuera de la metáfora, me da risa como algunas fotos se logran. Mi idea original era encaramar al tótem encima de una campana de viento todo místico porque ando fascinado con el araguaney que está en pleno apogeo. Aquí la pongo:
 
 
Me imagino que la del árbol es más bonita, pero el tótem amenazó con aniquilarme si lo montaba allá arriba (cosa que hice por supuesto). Pero la de las policías la hice primero, casi sin pensarlo. Solo unos artículos de baño que me dieron risa pues nunca me había dado cuenta eran del mismo color y presto: así es el tras cámara de una foto amateur.
 

Friday, February 8, 2013

8. Un Autógrafo de Justin Bieber

Hay días de días en el reto del Concurso de Fotos. Cada noche puntualmente a las ocho Roberto Mata pone el tema de la foto a tomar el día siguiente. La mayoría los recibo con emoción, otros son “¿cómo diablos le tomo una foto a un intestino?”; otros, pues otros son un autógrafo de Justin Bieber.
 
WTF?
 
No es que deteste el reto pero es que mi límite de conocimientos banales en cuanto a música pop se refiere no llega hasta Justin Bieber. [Momento de pausa por si alguna adolescente fanática lee mi blog].  Yo puedo nombrar y cantar una canción de Belinda, Fey, Tisuby y Georgina, Melody la del gorila, Wendy Sulka y Hanson. Pero con Bieber me pasó como me pasó con los Power Rangers, ya uno está demasiado grande pa’ la gracia. Me sorprende entonces cuando digo que no me sé ninguna canción del Biebs pero de repente me encuentro entonando “Baby, Baby, Baby” (y solo eso porque no me sé más nada). Hoy me di cuenta que eso lo canta Justiniano. #maginatetu.
 
Lo que se me ocurrió fue disfrazar al tótem de Justin Bieber para la foto. El tótem por supuesto se inmoló de inmediato pero no había otra forma de explicar su presencia en la foto que tenerlo disfrazado. La idea es una foto tipo paparazzi tomada en el mismo momento en el que Justin Bieber es asediado por la fanaticada en una mansión en Los Ángeles. En este caso soldados de una guarnición con los mismos gustos que una colegiala japonesa porque que no llevo las muñecas para recrear la escena. Luego, el fan que tomó la foto se la entregó a Bieber quien se la firmó sin ver de qué se trataba.

Y así se logra un autógrafo de Justin Bieber, aún cuando yo ni siquiera esté seguro si el que sale en la foto sea él o Hillary Swank. Mis perdones al tótem.-
 

Thursday, February 7, 2013

7. Una Lengua Materna


Para hoy en el Concurso de Fotos de Roberto Mata me toca fotografiar una lengua materna. Normalmente me tendría que ir por algo trillado como un diccionario o algo imposible como tatuarme la bandera española en la lengua. Pero el problema es que la vista desde donde trabajo el día de hoy es esta:

No tengo idea de qué concepto me quiero fumar para el día de hoy pero pienso que es cuestión de tiempo hasta que el araguaney se quede sin flores y que alguien recoja el florero del suelo. Más cursi imposible pero no es mi culpa que el araguaney haya decidido lanzarse su único momento épico del año.
En la foto que envié,  el tótem fuera de foco representa todos los demás que aprendemos a hablar un idioma que no es el materno. Lo puedes hablar a la perfección pero por alguna razón no eres como ellos. Cuando un gringo me oye hablar inglés, lo más común que me dice es: “you hardly have an accent”. Primero, el hardly está de más. Lo lamento, así como hay gente que juega fútbol buenísimo yo hablo inglés buenísimo. Segundo, me impresiona el factor sorpresa, ese cuando alguien no puede creer que un extranjero pueda hablar su mismo idioma igual o mejor.
 

Sofía Vergara no es el mejor ejemplo para hablar de un segundo idioma pero sirve para probar mi punto. En una entrevista en el programa Chelsea Lately le preguntaron si no era más fácil leer un libro en su idioma materno que ponerse a intentar leerlo en inglés. La respuesta de Vergara durante toda la entrevista fue “ay Chelsea, don’t be so racist”. Por ahí van los tiros, no importa cuanto intentemos uniformarnos, siempre nos van a querer encasillar. Podemos ponernos ochenta flores en la cabeza y ser igual que el resto del jardín de lenguas.  Pero la verdad es que no lo somos, los que hablamos más de un idioma ya somos distintos que los demás.-

Wednesday, February 6, 2013

6. Un Vegetariano Evangelizador


No tengo problema con el vegetarianismo, lo que pasa es que ahí no hay nada para mí. Cuando de una buena carne se trata mi “I see dead people” es “I see good meat”. No entiendo como una gente que estudió el círculo de la vida en Biología pueda negarse el placer de una carne a la parrilla. ¿Qué hacen entonces los vegetarianos un domingo?

Mi hermana es vegetariana desde hace más de una década. Cosa que McDonald’s todavía no le ha perdonado puesto que yo estoy convencido de que ella solita financió la apertura de tres locales en Caracas gracias a su antojo de un cuarto de libra con queso en los noventa. Lo bueno es que es cero evangelizadora con su vegetarianismo, simplemente nos dice que es lo máximo y que en algún momento deberíamos intentarlo. Pero yo veo su ensalada de atún y veo mi lomito con salsa bernesa y el hashtag en mi cabeza es #bitchplease!

Evangelizar algo que tú haces por convicción es bueno siempre y cuando no creas que tengas la razón absoluta. Lapidarte porque Naomi Campbell se atrevió a usar un abrigo de mink, flagelarte porque a nadie más que tú le importan las ballenas atracadas en el hielo ártico y dar charlas sobre cómo la Coca Cola es un engendro del Diablo está bien. Pero si a un alcohólico no le vas a cambiar su forma de vida diciéndole: “te vas a morir por borracho” mucho menos me vas a cambiar mi patrón de comida porque me digas: “la mamá de Bambi está muerta por tu culpa”.

La manera correcta de evangelizar una práctica es hablar sobre ella como una opción. Aquí todo el mundo va por la vida hablando de cómo el iPhone es mejor que el BlackBerry, que el TRX es el deporte del momento, que es una pena que no tengas Instagram porque Instagram es Instagram. Y qué bien pero esos no son amigos, eso es una revista de tendencias.

Amigo evangelizador es el que te presenta su vida sin tratar de vendértela. Él es como es y punto. Puede ser un chamo que se pasa la vida metido en un barquito tomándole fotos a pescadores, una que hace triatlones u otro que dejó de comer carne porque le hizo una promesa a Santa Bárbara pero igual te acompaña a un restaurante de carne porque tampoco es que hizo una ofrenda de no caerse a palos. Nueve veces de diez yo quiero ser más como ellos que como los “tienes que probar esta dieta macrobiótica”. Porque esa es la gente que no evangeliza, esos son los que están demasiado claros sobre cuál es su religión.-

Tuesday, February 5, 2013

5. Un Pañito Yes es un Lujo Tercermundista


Hoy el tótem no se quiso tomar la foto. Le parece nichisima la asignación que me han mandado en el Concurso de Fotos y dice que ni de broma va a participar. Tomarle una foto a un lujo tercermundista no va bien con un tótem estadounidense. Cosa que me parece ilógica porque en verdad un tótem es más socialista que yo.

A mí me confunde la idea de llamarnos tercermundistas porque yo nunca he considerado que lo seamos. Pero dada la concentración fascista en la conmemoración del 4 de febrero el día de ayer, me doy cuenta no solamente que somos tercermundistas, es que encima somos retrógrados. Me cuesta reconocerlo pero yo jamás había visto un acto público donde sintiera tanta vergüenza de ser venezolano. Así que encima de excluido ahora también confieso que soy tercermundista.

Ahora bien, la idea de un lujo tercermundista es contradictoria. El agua potable puede ser el mejor diamante del mundo para alguien en Darfur, mientras que para nosotros en Venezuela lo es tener Internet todo el día.  Encuentro que para el tercermundismo los lujos son las cosas pequeñas, esos que toda  la gente en Suecia diría “beeee, eso no es un lujo” (en sueco claro, pero yo no hablo sueco). Ahora que lo pienso de repente mi tótem es más sueco que gringo.

Para mí un lujo tercermundista es el Cerro Ávila.

Aquí todos los días alguien se para a decir que el Ávila está bellísimo. Los que no viven aquí ven una foto del cerro y les da nostalgia. Es un lujo el cual contradictoriamente es lo más democrático que hay: el Ávila es de todos para todos y se ve en cualquier lugar. Mi amiga Valentina detesta el Ávila porque dice que es demasiado tercermundista que todos estemos cegados por una montaña como si fuéramos Heidi o Pedro el Cabrero. Pero es que ella está más interesada en el desarrollo de la metrópoli. O de repente es que le da fastidio subir cerro, nunca le he preguntado.

Para mi cumpleaños, It’s Good To Be me regaló un cuadro del Ávila hecho por el artista Hayfer Brea. El cuadro me parece lo máximo particularmente porque mezcla el lujo con el tercermundismo: es arte hecho con una esponja Scotch Brite que sirve de montaña y un pañito Yes que es el cielo. Más tercermundista que eso no se pude ser. O de repente es que a mi me gustan las cosas sencillas.

No sé tomarle fotos a cuadros y por eso la imagen es nefasta. Pero me gusta pensar que el tótem posó diez minutos esperando a que yo resolviera cómo hacer para que no saliera mi reflejo en el vidrio y se fastidió. Este es el momento donde me dice: “tu idea es demasiado estúpida. Me largo a almorzar.”

Está bien tótem, este tercermundista te agarra mañana.-

Monday, February 4, 2013

4. Los nudillos que sostienen la respuesta


En el cuarto día de fotos en el Concurso 1 Foto Por Día Por 28 días me voy con “un nudillo”. Me paso todo el día fotografiando nudillos de soldados de plomo y estatuas pero no me sale ninguna que me guste. Todas salen oscuras, como si  los soldados fueren guardias y custodios de unas ruinas romanas. Encima que no encuentro la manera de de fastidiar al tótem malhumorado en la foto. Porque una cosa es poner a soldados extranjeros a cuidar los oscuros rincones de una estatua en Roma. Otra muy distinta es meter al tótem como si fuera un turista con una camisa que diga “I Love Rome”.

Esto dura todo el día hasta que decido rendirme. Agarro la cámara, el tótem y salgo a fumar para ver el porqué demonios no puedo dejarlo a él fuera de la foto. ¿Qué tengo yo contra este pobre tótem que insisto en meterlo en mis fotos para fastidiarlo por odiar mi disfraz de intestino?

Y ahí es cuando me doy cuenta que mis nudillos aprietan algo que es del mismo color del suéter que tengo puesto por casualidad.

¡Encontré la manera de fastidiar al tótem!

No puede haber nada más odioso para un sabiondo que no cree en ponys varoniles que lo obliguen a tomarse una foto con gente que combina con él. Es mi venganza por haberme criticado mi fiesta de disfraces de intestino largo.
 
Sospecho que el tótem no me quiere mucho el día de hoy.-

Sunday, February 3, 2013

3: El que no se aburre encuentra al pony varonil


El tercer día del Concurso 1 Foto Por Día Por 28 días, me mandan a tomarle una foto a un pony varonil. Este tipo de retos me encantan por su dualidad. La razón por la cual no hay ponys varoniles es por culpa de los humanos. Un pony vivirá toda su vida oyendo a la gente decirle: “ay que cuchi el pony”.  Que desde el día en que naces hasta el que te de despaches te digan que eres cuchi es suficiente como para que le tengas rabia al mundo.

Por cuestiones de la vida me surge la idea de un carrusel. Los caballos de madera de un carrusel son mariquisimos. A todos los pintan con plumas rosadas y tienen más lazos amarrados que un San Antonio. Se me ocurre la idea de fotografiar eso: un pony varonil que le dijo “basta” a la conformidad de un carrusel de vueltas.

Aquí anda corriendo pitado el pony rebelde:

Pero por alguna extraña razón no me gusta. El tótem ese con ojos que detectan mentiras anda viendo la escena como si le dijera al pony: “no huyas de la verdad”. Pero mi idea en las fotos es volver leña al tótem ese, no al pony que acabo de liberar. Así que meto al tótem en mi lonchera de cosas inútiles que pienso usar para mis fotos y me largo a pensar en qué exactamente es un “pony varonil”.

La respuesta está en la lonchera.

Ahí tengo metido todo lo que no es importante para el mundo pero importante para alguien que disfrazaría a sus soldados de intestino. Es la lonchera de un niño que sale a jugar con lo que tiene y que jamás se va a aburrir porque tiene todo lo posiblemente imaginable para entretenerse. No puede haber nada más varonil que un niño u hombre que sabe exactamente lo que necesita para no aburrirse.

Y encima hay dos ponys adentro.

Y el tótem ese malhumorado está bien abajo. #bienhecho

Saturday, February 2, 2013

2: Ser detector profesional de mentiras es medio cursi


El segundo día del Concurso 1 Foto Por Día Por 28 días de Roberto Mata, me toca fotografiar un detector de mentiras. Decido que los soldados que fueron anoche a la fiesta disfrazados de intestino largo gozaron una pelota porque los gallos cuando están bien disfrazados siempre gozan.

Pero alguien no gozó.

Llegué a la conclusión de que el tótem que sale en la primera foto no puede ocultar su cara de que la fiesta de disfraces quedó malaza y que yo soy un idiota. Por lo tanto he decidido que mi nueva misión en la vida es fastidiarle la paciencia hasta que seamos amigos. Así soy yo con la gente que le caigo mal, los jodo hasta que me quieren. No lo logro pero un inseguro con necesidad de aceptación hace ese tipo de cosas.

Así que mi primera tarea es llevarme al tótem que me odia en mi aventura para averiguar qué significa detectar una mentira.

Las mentiras… Hay un estudio por ahí que dice que la gente suele decir dos a tres mentiras cada diez minutos. Cosa que me parece lógica. Las recepcionistas por ejemplo son expertas mentirosas. Llegas al consultorio y la recepcionista te dice: “qué bueno verlo”. Mentira. Luego te dicen: “tome asiento que el doctor lo va a atender en unos minutos”. Mentira.  Y diez minutos después te dicen como para ser panas: “ya vas a pasar, tú tranquilo”. Mentira, mentira, mentira.

¿Por qué decimos mentiras? Recuerdo que fui a un psiquiatra al cual le caí a mojones hasta que me di cuenta de que yo estaba pagando para ser aun más loco. Ahí hice lo más cobarde del mundo: no volví más al psiquiatra. Lo que he debido hacer es sentarme a contarle mis verdades para que me recetara una pepa pero no lo hice. Como Pinocho, preferí vivir en un mundo de narices largas.  Y ahora me pregunto si valió la pena ser un disfraz de intestino por tanto tiempo, cuando he podido ir a la fiesta vestido de mí e igual gozarme la vida.

Decido consultar el libro de Pinocho para ver qué decía la Hada Madrina sobre las mentiras.

“Una mentira crece y crece hasta que es tan clara como la nariz en tu cara”.

Mientras pienso que yo tengo la nariz burda de grande pero que ya no digo mentiras, miro los ojos del tótem que agarro con la mano.

“Eso no se lo cree ni tu mamá” –pienso que me dice. En mi cabeza, el tótem es súper irónico.

Una hoja cae por accidente dentro del libro y decido tomar una instantánea del momento. No puedo pensar en nada que fastidie más a un sabiondo detector de mentiras que tomarle una foto cliché con filtros Instagram producidos por la accidentalidad de la naturaleza.
 

Friday, February 1, 2013

1: No hay nada interesante sobre un intestino


No puede haber nada interesante sobre un intestino largo. Esto es lo primero que pienso cuando veo la primera instrucción al inicio del concurso 1 Foto Por Día Por 28 días de Roberto Mata. Mi hermana que es enfermera seguramente se hubiera emocionado pero para mí un intestino es como esas salchichas que cuelgan sobre el techo del súper mercado. Están ahí porque toda charcutería que se respete debe tener su bojote de carne colgando. Mis disculpas al cuerpo humano pero yo odio el intestino largo. Y el peroné. Pero  solo porque detesto la palabra peroné.

Los mensajes de mis amigos son: “¿otra vez te metiste en el concurso ese?”; “Toto, mi vida, a ver… ¿cómo te explico? ¡Tú no sabes tomar fotos!” “¿te puedes poner a escribir?” Ok, el último mensaje es de Queen Zubi mi editora que está chinga para que yo termine el segundo libro de una buena vez por todas y tiene toda la razón. Pero sí me metí y pienso tomar mis fotos con mi camarita digital que no se la compraría ni un turista japonés. A mi no me importa si son malas. Me da algo para emocionarme en febrero. Si enero fue un desastre épico, febrero no se escapa. Por lo menos le tomo fotos y soy feliz.

¿Pero qué de feliz tiene un intestino largo?

Pensando en un hilo conductor para mis 28 fotos, me doy cuenta que no hay una historia feliz que se pueda contar con un intestino. A mi mamá le cortaron el intestino el día que nació mi sobrina y eso fue un desastre nacional porque había que ir de cuarto en cuarto alternando entre emociones. “Awwww” denota felicidad si ves a un recién nacido Y si ves a una madre a un paral de suero. Es solo cuestión de entonación.

Por alguna extraña razón, la palabra intestino me provoca separarla. Mario Testino el fotógrafo está metido en el intestino. Es como Andreína que tiene una “reina” en su nombre (cosa nichisima, pero Andreína es nombre bello). Y ahí pienso: “¿no sería genial si uno fuese en comparsa a una fiesta de disfraces demasiado gallo vestido de intestino? ¿Pero en vez de algo científico esté deletreado en símbolos? Es típica comparsa en la que me anotaría yo y seguramente alguien me odiaría apenas me viera.
 
Esta es la foto que tomé. Los soldados son la comparsa, vestidos de un intestino largo. Pero hay alguien en esa fiesta que detesta mi idea. Sus ojos solamente dicen “amateur”. O de repente es “retírate”, no he decidido. Los ojos que no son los protagonistas de la foto miran la puesta en escena y piensan que todo esto es una mala idea y no puede creer que fue escogido por mí para estar dentro de la foto. Todavía no sé quien es a ciencia cierta, pero sospecho que es el tótem. Aunque en mi defensa: "largo" es Largo el de la Familia Addams. ¡Eso es lo máximo!

De repente en 28 días el tótem y yo nos haremos panas. Es solo cuestión de fastidiarlo un tiempo más, obligándolo a hacer cosas que sé jamás haría. A fin de cuentas, los soldados hacen todo lo que yo quiero y no los oigo quejarse.

Farewell Diana: a 20 años del fin del primer reality show

Todavía recuerdo llegar a mi casa aquella noche del 31 de agosto de 1997 y correr hacia la terraza para encontrarme con mi mamá. “Prend...