Cuando yo entrenaba chamos para modelos de Naciones Unidas en Harvard
siempre me las veía negras a la hora de enseñarles como agarrar el toro por los
cachos. Esto es, ¿cómo lograr identificar las debilidades de la contraparte y
utilizarlas para tu beneficio? Es sumamente difícil sobre todo cuando estás en
una competencia y nadie te para porque todos quieren resaltar. Pero es posible
y muchas veces es cuestión de darle largas al que el más poderoso se enrede,
solo para luego entrar con una escoba y barrer sus escombros.
Russell Brand es actor, comediante, ex de Katy Perry. No es santo de
devoción de nadie ni tampoco constituye un buen modelo a seguir. Su irreverencia
y humor negro lo pueden llevar a ser un tipo pesado, algo que cala bien entre
los británicos pero no entre los gringos quienes se jactan de ser políticamente
incorrectos y son más correctos que su ex, la Reina Victoria.
En una entrevista en el canal MSNBC, Russell Brand acudió para
promocionar su nuevo standup El Complejo del Mesías. Sentado en una mesa
redonda junto a tres periodistas la entrevista comenzó mal cuando la primera
periodista le admitió en su cara que no tenía idea quien era él. Esto es lo
común, yo no tengo idea quién es en verdad Hasan Rohani pero por lo menos hago
mi investigación para saber de qué país es Presidente y qué está haciendo en mi
entrevista. Lo inusual es que se lo digas al entrevistado.
Strike One. Conoce a tu “enemigo”.
La entrevista continúa y otro periodista le dice a Brand que él no entiende
ninguno de sus chistes pero quiere que le haga ahí una improvisación de treinta
segundos sobre Gandhi.
Strike Two. Si quieres ver un payaso, no ataques al payaso.
Finalmente, otra periodista con quien Brand ha sido amable por compartir
la misma nacionalidad insiste en llamarlo Willy y en decir que su ropa hace que
la entrevista sea confusa.
Strike Three. Conoce a tu enemigo y entiende que solo porque el payaso
tenga nariz roja no significa que no sea igual de inteligente que tú.
Aquí pueden suceder cuatro cosas en un modelo de negociación. Russell
Brand ha podido disculparse por osar pretender que los periodistas supieran su
nombre o que se viste con botas doradas. Ha podido levantarse e irse porque con
idiotas no se discute. Ha podido insultar a los periodistas con groserías o ha
podido agarrar el toro por los cachos.
Brand optó por la cuarta. En el proceso ni se disculpó, ni se fue.
Simplemente aprovechó la entrevista para promocionar su show, hacer que las
cámaras enfocaran lo que él quería y le enseñó al televidente que un periodista
con sentido común se enfocaría en todo menos en lo superficial. Al final los
tres periodistas no sabían ni siquiera
qué hacer con las manos y decidieron llamar a a comerciales.
Pero Russell Brand “ganó” la entrevista. Todo por culpa de unos
poderosos que juraban que esto iba a ser un paseo cuando les dieron la lección
de su vida. El comediante les enseño en menos de ocho minutos cómo ser un líder cuando
el resto del mundo jura que eres un payaso.











