Tuesday, September 16, 2014

Normas de Etiqueta Para Los Mosquitos (Ya que Dios no intercede por nosotros en esto)

 
Tengo una conversación recurrente con Dios en la cual le explico que estoy contento con la inclusión en este mundo de las jirafas, Sofía Vergara y los plomeros. Me parece una nota que existan las hormigas porque me gusta verlas prepararse diariamente para el Apocalipsis. Las hormigas son súper apocalípticas. ¿Nadie ha visto un puñado de hormigas en su lavamanos comiéndose un resto de pasta de dientes? Escúpanle agua para que vean como corren de ese genocidio.

No tengo rollos con los seres vivientes y me gusta pensar que ellos están cómodos con mi existencia. Claro, nunca he estado en un pozo lleno de cocodrilos hambrientos pero por lo general (salvo un mono que me cayó a gritos en el Ávila) a los animales no les desagrado mucho. Hay otros que me aman. Y por otros quiero decir los mosquitos.

Ok, ok, lo sé. Los mosquitos no son animales, son insectos. Pero cuando uno ha vivido toda la vida con ellos y te ofenden de tal manera que no importa la hora, igual te pican la planta del pie, son una cuerda de "animales" mal empollados que ojalá se quedaran quietos para aplastarlos más rápidos.

Ahora, puede haber un remoto chance de que Dios no tenga responsabilidad en esto. Supongo que Noé el del arca menos. ¿40 días metido en un barquito como The Life of Pi y no pudiste aplastar dos mosquitos contra la pared? De no existir un ente superior, tiene que haber una razón por la existencia del mosquito. Eso me imagino me lo explicará un mosquitólogo, cuya profesión, si existe, debe ser deprimente. Me imagino que dirá que sin los mosquitos la fauna se iría al diablo y los humanos seríamos comidos por las moscas esas que vuelan alrededor de los cambures. Pero, francamente, ¿por qué no podemos despedir al mosquito de la vida? ¿Qué nos ha hecho el mosquito a nosotros salvo desangrarnos lentamente?

Sobre mi cama vuelan tres mosquitos diariamente. No sé ni me provoca investigar el promedio de vida de un mosquito pero me gusta pensar que si no es el mismo mosquito, se reprodujeron entre ellos y sobre mí vuela toda una descendencia como los Buendía en Cien Años de Soledad.

Cada mañana cuando me levanto y apago el aire acondicionado se me permite un minuto de gloria. Es como si esos tres mosquitos me dieran un chance para quitarme las lagañas, bostezarle el adiós al primer aliento que sale de mi boca y sacar todas mis extremidades de las sabanas. Un minuto no más, esperando silenciosamente en las alturas de vaya yo a saber cuál bombillo escogieron para hacer ahí sus cuarteles de invierno.

Después de vencerse esos cincuenta y nueve segundos, yo no tengo oportunidad de escondite. Esos tres mosquitos hacen un preparado, listos, fuera y como si fueran un hipopótamo bulímico en búsqueda de un helado de stracciatella se lanzan sobre mi pobre e indefenso cuerpito a comerme vivo como si yo fuera una Creme Brulée que merece ser pinchada y lengüetada hasta que no quede sino el plato (en este caso mi carcasa).

Yo hablo con los mosquitos. Les comento sobre la posibilidad de un “snooze” como los despertadores, que los tiempos de Dios son perfectos y que si me dan cinco minutos no tengo ningún problema en extenderles el brazo para que gocen una bola. Porque eso lo hacemos, yo creo en dejar a los mosquitos tomarse un Martini draculeano. La razón principal siendo el fastidio que da levantarse a buscar el pote de Off.

Esta mañana, mientras uno me picaba el pie y el otro me echaba un chisme en la oreja, les dije: “¿Qué te he hecho yo? ¿Por qué eres así? Después de todo lo que hice por ti. Como una sombra han aprendido a vivir. Si les huyo me quieren, si los quiero se alejan de mi”. Después me di cuenta que les estaba cantando una estrofa de Hombres G, pero eso no dio resultado. Así que mi conclusión científica es que los mosquitos se sienten altamente atraídos por las melodías de Hombres G.

Con esto del virus chikunguya que azota al país, estoy más paranoico con los mosquitos que nunca. A mí jamás me ha gustado embadurnarme con cremas, creo que el circulito ese que se prende y emana olores solo le sirve a los que aman los inciensos y las velas que huelen a lavanda, y no me gusta prender el aire durante el día porque yo soy calvo y me da frío.

La raqueta eléctrica me salva porque juego a ser Adolfo Hitler. Lo sé, es una terrible comparación que no debería hacerse pero si yo fuera Adolfo Hitler y me dan esa raqueta con una palabra de aliento como “destacate”, créanme, no solo mataría a todos los mosquitos de mi urbanización y las tres contiguas. También ganaría el Wimbledon.

Pero la raqueta no hace milagros y con todo esto del virus ese lo que estoy es paranoico. He pensado que si el Caracas Fashion Week existiera, hubiera diseñado una burka con un mosquitero. Suena retrogrado pero si logro que Titina Penzini la popularizase me hubiera hecho millonario en una semana. Es horrible leer sobre ese virus y como el Gobierno no informa (y tampoco hay antídoto), básicamente volvimos a la Edad Media donde el mosquito es el Sheriff de Nottingham y viene con todo a cobrar nuestros impuestos con sangre.

Es por eso que he decidido hacer una lista de normas de etiqueta para los mosquitos que me quieran picar. La lista se llama “Lista de Normas de Etiqueta Para Los Mosquitos Que Me Quieran Picar”.
 
Aquí va:
 
1) Horarios de Picada: de 8:30 a 9:00 de la mañana, una picada a las 11:59 y luego de 4:10 a 4:14 p.m. Fines de semana libres. Vayan a rezarle a Dios y denle las gracias por crearlos. Es más vayan a picar a Dios.
 
2) Lugares de Picada: En el brazo preferiblemente. Si sientes que mi pierna es más jugosa, está bien, en la pierna. Eso sí, jamás en el pie.
 
3) No se requiere de conversación previa: Es decir, lanzarte una rumba en mi oreja como buscando conversar no te va a ganar puntos jamás. Dale sin pena y pícame de una buena vez. Muy prostituto de mi parte decir esto, pero no necesito ni que me compres un whisky antes de ponerte una servilleta alrededor del cuello.
 
4) Ok, soy un lerdo: Si me ves aplaudiendo frente a ti no te burles. Lo sé, soy el Coyote y tú el Correcaminos e intentaba matarte, pero no te burles de mi ineptitud.
 
5) No copules frente a mí: Odio esos mosquitos que deciden tener una tarde de pasión en frente mío. Aunque confieso, amo matarlos cuando están en su motel porque salí de dos pájaros con un solo tiro. Después hago un minuto de silencio por todos esos potenciales mosqui-bebés que jamás me conocieron.
 
6) No te conformes con mi sangre. De repente no es la mejor cepa: En serio. Amaría que en mi cuarto existiera un mosquito sifrinisimo que decide que mi sangre sabe agria y que el mesero debe traerle a otro humano. Si la Revista People ni por error me consideraría a mí el Hombre Más Sexy del Mundo, entonces los mosquitos tampoco deberían hacerlo.
 
7)  Espero de corazón que cuando te mueras vuelvas reencarnado en un humano: Para que sepáis lo que se siente ser picado por ti. Un humano con una oreja BURDA DE GRANDE que viva en la selva, le guste el agua con azúcar y no sepa que existe el OFF.

Sé que ningún mosquito leerá esto porque… bueno porque los mosquitos no leen. Pero Dios, si por casualidad te metes en mi blog: aplausos en serio por los turpiales, los pavos reales, por Indiana Jones y James Bond y Tom Hanks. También por los araguaneyes, las orquídeas, Las Morillo y los pingüinos. Pero los mosquitos… te voy a ser sincero. No fueron tu mejor obra Dios, no fueron tu mejor obra ni hoy ni nunca.-

Buchanan's - El Placer de Compartir




Sensacional campaña de Buchanan’s sobre el placer de compartir con la gente que te inspira a ser quien eres. A todos mis "Yo Te Leo", salud por ustedes.

Monday, September 15, 2014

Lo Verdaderamente Útil No Está en la Lista de Útiles Escolares

 
 
Creo que por más adulto que sea, todavía no he logrado superar esa extraña sensación de que mañana hay colegio. En verdad no hay peor crisis infantil que darse cuenta la noche antes de que mañana comienzan las clases. De repente es el tamaño del bulto, lo mal que te queda el uniforme o que no sabes si vas a seguir siendo el gallo del salón, pero ahí está. Todas las inseguridades de una persona comienzan en esa noche de insomnio antes de que un adulto/representante te prenda la luz y te diga: “Levántate que vas a llegar tarde al colegio”.

Ahora que soy grande también me doy cuenta del tras bambalinas de mis idas al colegio. Las mías y las de mi hermana, pues. Porque fueron dos historias distintas.

Yo estudié en un colegio gringo durante toda la primaria. Cada mañana me montaban en el autobús número 7 que me llevaba a la Calle La Cinta de Las Mercedes. Mi uniforme se compraba en el colegio y tenía un sello con una palmera, la cual me hacía pensar que yo estudiaba más en Tropi Burguer que en una academia. Mi lonchera era de Snoopy porque eso era lo que a mí me daba nota. Adentro había un jugo Yukery y un sándwich de mermelada con queso Kraft Facilistas. Yo no comí durante siete años.

Mi hermana mayor no corrió con ese estilo de vida. Desde muy chiquita a ella le tocó una moda impuesta por las madres en lo que presumo es una carrera armamentista por ser la mejor mamá: las niñas no se iban en transporte, hacían pool. La falda plisada se planchaba, los zapatos tenían un centavo americano metido adentro y sin lazo blanco no se salía de la casa. La lonchera era marca Igloo para que la sopa, el arroz y las tajadas permanecieran calientes porque aparentemente las niñas comen sopa y seco pero los varones teníamos que comernos un sándwich de mermelada con queso Kraft Facilistas.

Por esta distinción entre colegios jamás me preocupé. Solo sé que mi mamá tenía pool con mi hermana los martes porque el miércoles era su Día de Parada y así descansaba de ir a buscar a siete enanas sudadas con loncheras. El único motivo por el cual yo sabía de la existencia de estas niñas era porque en la guantera del carro había un cartelón que decían sus nombres. Luego aprendí que había una maestra cuyo único rol en la vida era decir estos nombres por micrófono, como si fuera un chambelán anunciando a las invitadas en el baile del Príncipe de la Cenicienta, para que salieran a montarse en el carro.

Con el tiempo también aprendí que hay mamás que se quedan dormidas y nadie va para el colegio. Otras que no entienden que a veces NO HAY colegio. Eugenia mi amiga me cuenta que un día bajó como todas las mañanas de su apartamento a sentarse en el murito a esperar por el autobús (su mamá no te hacía pool). Esperó y esperó y esperó hasta que el vigilante le dijo que subiera porque había Golpe de Estado. Tocó el intercomunicador:

-Mamá, ábreme que no hay colegio. Aquí Xavier me anda diciendo que y que hay golpe de Estado.

-Ay Eugenia, ¡no seas exagerada! –le contestó su mamá por el intercomunicador-. Segurito tienes examen. Quédate quieta que ya te va a venir a buscar el autobús.

-Pero Ma…

-¡Qué te quedes ahí te dije!

Eugenia contó tres minutos en su Pop Swatch hasta que oyó la voz en el intercomunicador.

-Euge mi amor ¿estás ahí?

-Dime Ma…

-Sube ya mi vida…

Esa distinción entre colegios no es porque mi mamá se ocupaba más de mi hermana que de mí. Creo que los tres podemos decir con toda sinceridad que mi mamá y mi hermana no se hablaron durante catorce años por diferencia de criterios sobre cómo ponerse un lazo. Y la verdad es que mi mamá fue una tremenda ayuda en mi colegio porque siempre que había fiestas ella traía tortas. O de repente es que yo tenía mentalidad de gordito y eso es lo que recuerdo.

La diferencia la aprendí cuando me cambiaron de colegio a uno similar al de mi hermana. No de niñas pues, pero sí con toda la parafernalia del pool, del uniforme comprado fuera del colegio y de algo llamado la lista de útiles escolares.

Eso nunca lo había experimentado. En mi colegio de primaria te daban todo el primer día de clases: el libro que ibas a usar en cada asignatura, el cuaderno Caribe (con la tabla de multiplicar, sumar, restar y dividir en la parte de atrás) y lápices Mongol para todo el año. La Trapper Keeper sí la comprabas tú.

Cuando llegué a mi otro colegio en bachillerato me di cuenta de que eso no era así. Aquí me pedían todos los cuadernos, papel lustrillo (que jamás usé en los cinco años de bachillerato), una bata de laboratorio, una calculadora científica, reglas, regletas, un compás y un mercado completo de cosas que se podrían en un locker cuando ya el año escolar llegaba a mayo. Yo todavía tengo guardado un escalimetro intacto que habré usado tres veces.

Eso me pone a pensar, ¿por qué la educación es tan enrollada con todo lo que no necesitamos? ¿por qué hacer pasar a los padres por ese vía crucis de conseguir cosas que no vamos a usar? Nadie necesita un uniforme con un penique en el zapato, ni una lonchera atómica como tampoco necesita una bata de laboratorio. ¿Alguien manchó alguna vez la bata de laboratorio en Química? 

Lo único que necesitamos es APRENDER. Y esto es a lo que quiero llegar. Mi problema con la lista de útiles escolares es que en ninguna parte le piden al estudiante que venga a maravillarse con lo que va a aprender. Ninguna lista escolar pone en su número 1 de solicitudes: 1) QUEREMOS QUE EL CEREBRO DE SU HIJO SEA ÚTIL.

Yo raspé todos los exámenes del primer lapso en mi nuevo colegio porque no entendía que si te caletreabas todo, pasabas. A mí jamás me enseñaron eso en primaria. Más bien me enseñaron que si oías, aprendías. Si te hacían una materia DIVERTIDA, amarías la lección para siempre.

Yo vi Egipto dos veces. En primaria mi maestra nos enseñó todo sobre pasaportes porque nos inventó que nos ibamos de viaje a El Cairo (yo hice maletas y todo). En clases, nos hizo tomar una foto, revelarla, pegarla sobre un pasaporte de papiro cosido a mano por nosotros (medio fábrica en Indonesia esta parte) y creamos unos sellos egipcios para decir que habíamos llegado a Egipto.

Mi clase estaba decorada con pirámides por todas partes, aprendimos a hacer una momia, y todavía me sé de memoria la técnica de embalsamar un cuerpo a la manera egipcia. Me enamoré de las aventuras de Howard Carter y si pudiera ser él, habría vuelto a 1922 para descubrir la tumba de Tutankamón. Luego descubrí  que todo el mundo en esa expedición se murió en circunstancias extrañas así que decidí ser él con un pote de Off porque hay que ser precavidos.

En bachillerato volví a ver Egipto en mi otro colegio. Es una gran decepeción saber todo lo que se puede saber sobre la Piedra de Rosetta y verla simplemente mencionada en el libro amarillo de Historia Universal de octavo grado de esta manera: “(…) con la Piedra de Rosetta se inició Champollion, quien amplió su obra al visitar luego el antiguo Egipto”. Busqué esa oración en el libro y así sale de veras. Eso es todo lo que vieron mis amigos de bachillerato sobre la piedra más famosa del mundo. Hoy en día, y no los culpo, creen que la Piedra de Rosetta es un servicio para aprender idiomas.

Yo no digo que fui más inteligente que ellos, porque no lo fui. Salvo en inglés, jamás estuve en el cuadro de honor de mi clase. Pero yo hubiera dado todo porque mi educación no se concentrase en si tenía el pantalón azul de Banana Republic al comienzo de clases, si todos mis útiles de la fulana lista esa cabían en mi bulto verde Jansport y si tenía el Tag, y los Bass y el cuaderno forrado con fotos de Cindy Crawford. Yo hubiera dado todo porque mi tesis de grado (algo con unas caraotas y el PH) me importase en su momento…

Ojo, el Jansport y el Tag me importaron porque vamos, en la adolescencia, esas ridiculeces importan. Pero ¿cuál es la jónica y cuál es la dórica? ¿Cuál es el cúmulo y cuál es la otra nube? ¿Y por qué no es válido preguntar si en alguno de esos dos trenes que van en dirección contraria va una bomba para avisarle al otro que frene antes?

No todo fue malo, yo me las ingenié. Con dos amigos logré filmar la escena de espadas completa entre Tybalt y Mercutio con una Handy Cam para presentarla en una exposición. También tuve la mejor profesora de Hamlet del mundo. Pero no todos fueron educadores sensacionales. Más que un “Aguerrevere, si no tienes la bata de laboratorio no puedes entrar”, me hubiera gustado “ven y mánchate de pies a cabeza y explota el nitrato a ver qué pasa…” Si todo fue un regaño por un peo líquido ¿por qué no nos quitaron la rebeldía explicándonos los efectos químicos de un peo?

Más que útiles escolares, hubiera sido mejor tener profesores creativos con sus enseñanzas extraordinarias. No fueron malos, pero yo sabía de la ONU en sexto grado. A mí no me volvieron a mencionar la ONU hasta que llegué a la universidad. Y eso creo que es lo que pasa con la educación. Las mamás se fajan con la forrada de cuadernos y que el niño esté en kárate, fútbol, y cursos de microfinanzas y si el pool lo haces tú hoy y yo mañana cuando en verdad nada de eso importa. Si tu chamo está en segundo año y su profesora de Historia Universal no le habla esta semana sobre la situación con Isis, o el referéndum escoses o el conflicto ruso-ucraniano, perdiste los reales en ese colegio.

Digo todo esto porque me he dado cuenta de lo bruto que yo me he vuelto con la vida. De lo poco que sé sobre nada, de todo lo que se me olvidó y eso me frustra. Lo último que busqué en Google fue “letra de Anaconda de Nicky Minaj” y ahí me di cuenta de que esto de la educación es para toda la vida. Si no, te embruteces.

Por eso, más que un transporte o un cuaderno forrado, hay que lograr que la familia y la profesora inspiren a esos chamos a maravillarse. A buscar más libros, más información de la que se da en los textos. Si es Egypt Week en el colegio, hay que vestirse de Ramsés y Cleoptatra en casa. Hay que hacer pirámides en el jardín y coño, así tenga que ir yo, ¡hay que hablar de la Piedra de Rosetta! Porque no es cuestión de conseguir los útiles, es más un tema de buscar los buenos libros. Porque ningún niño puede pasar por Egipto sin oír el cuento del incendio de la Biblioteca de Alejandría. Y eso sí que es útil.
 
Todo lo demás es material POP.-

Thursday, September 4, 2014

Los Temas Sobre Los Que No Debería Hablar

 
Mañana tengo un matrimonio familiar. Decir que es familiar en una Caracas donde hay cien familias que todos los viernes tienen un matrimonio donde invitan a las otras cien familias es absurdo. Aquí todo el mundo es primo, ya sea de sangre, político, adoptado, arrejuntado o porque nos acostumbramos temprano al “déle un beso a la tía Marisol” y nos enteramos veinte años después que la tía Marisol no tiene nada que ver con nosotros.

Este sarao sin embargo si es de familia, familia. De primos, pues. Normalmente serían un fastidio pero yo tengo una familia que está loca, así que los primos siempre son lo máximo. Cuando se viene de un linaje donde a una tía la metieron presa por pasar seis meses en el Hotel Tamanaco sin pagar la cuenta, y los hermanos prefirieron enviarla a la cárcel antes que pagar su deuda, pues ahí no hay más nada que hacer.

Yo ando de lo más emocionado porque quiero a los novios y tengo tiempo que no veo a mis primos. Alejandro mi hermano no está tan emocionado. Ojo, él se goza siempre la fiesta más que yo, se esmera con gel en el pelo como si fuese un Corleone y no se va de la pista sin bailar los éxitos del ayer. Yo no bailo mucho porque suelo estar enfrascado en una conversación intensa con alguien en el momento del baile y se me va de la noche.

Eso es lo que no tiene emocionado a mi hermano. Su problema de ir conmigo a matrimonios de familia es que cuando me dejan solo (“sin supervisión” dice él) yo me vuelvo intenso y comienzo a decir lo que él llama imprudencias. A mí me parecen verdades. Absolutas y necesarias. Pero no, aparentemente no puedo dar mi opinión sobre liposucciones, abortos, divorcios, salidas del closet, drogas, política, amoríos, tetas, falta de tetas, bolas, falta de bolas, ni tupés porque según él, “tú se lo dices a la persona que tuvo la liposucción en su cara”.

¿Y qué culpa tengo yo? Jamás me he hecho una liposucción y quiero saber qué pasa con la grasa después de que te la sacan del cuerpo.

Yo no soy imprudente tipo: “¿Ese es tu bebé allá en el coche? ¿En un matrimonio? Mi reina, deja el farandulerismo y vete pa’ tu casa. Eso te pasa por casarte a los 21 e invertir en un Jacuzzi en vez de una enfermera”. Podría decirlo, debería decirlo, es lógico decirlo, pero eso no lo digo. Eso es ser juzgón  Yo he aprendido con la edad a no juzgar tanto como a preguntar más*. Mi pregunta ahí sería si no consideró parir en el Jacuzzi para dar a luz debajo del agua. Y si no lo consideró, si me prestaría su Jacuzzi porque yo no tengo para relajarme después del trabajo.

A mí me gusta la gente brutalmente honesta. Hay una gorda que dice que ella no usa el lavaplatos porque eso es una sola agachadera. Se pasa todo el día fregando pero por lo menos es honesta con su flojera. Pero sobre todo, me gusta la gente que sabe hacer y responder preguntas interesantísimas y curiosas. Alejandro dice que yo confundo las preguntas curiosas con las imprudentes.

Yo una vez quise saber cómo los amantes dividen su tiempo para tener su jujú sin que los cachen y en un matrimonio le pregunté a una persona cuyas montadas de cacho eran legendarias para que me contara. A mí me pareció fantástico lo que me dijo (“Inventas full que vas al gimnasio. El sexo entrena burda”). Alejandro mi hermano me oyó y me arrastró por la corbata.

Con los primos la curiosidad/imprudencia es peor porque como ahí nadie tiene pelos en la lengua, pues es un todo contra todos. Y esta mañana me encuentro un mensaje en mi celular de mi hermano con una foto. Es una lista de temas restringidos que debo evitar mencionar a toda costa en el matrimonio de mañana.Son diez temas de los cuales no puedo hablar lo cual me hace pensar que hasta Audrey Hepburn en My Fair Lady tuvo más libertad que yo. Ella solo podía hablar del clima y de la salud de todo el mundo. Alejandro me ha tachado el tema salud porque nos enteramos de que un tío tiene hemorroides y ya sabe que yo voy a ir a darle consejos caseros (véase penúltimo capítulo mi libro “La Hora Loca”). Ahora que lo pienso, Alejandro debería contraer hemorroides para que no vaya al matrimonio y me deje en paz.

Porque curioso es una cosa, imprudente es otra como aprendimos todos después de la debacle de mi amigo It’s Good to Be, cuyo segundo nombre es Imprudencia (en serio, él se llama It’s Good to Imprudencia Be). En un matrimonio conversaba con una mujer de la cual ni se acordaba el nombre. Cinco minutos en la conversación, al ver que la mujer se rascaba la cara, le dijo lo siguiente: “Tú sabes que cuando a mi me dio lechina, yo usé un jabón de avena buenísimo que te recomiendo. Eso me ayudó como no sabes. Deja que te busque el nombre aquí en Internet con el celular y ya te lo doy”. La mujer le dio una cachetada y se fue.

Moraleja: Jamás es bueno mencionarle productos de lechina a una persona que tiene un brote severo de acné. Eso no es ser curioso, eso es ser imprudente. Pero It’s Good to Be no tiene a Alejandro mi hermano que actúe como Pepito Grillo en momentos curiosos. Y a mí menos porque esas cosas no me dan pena, me dan risa.
 
*Nota tipo "Ahora Que Lo Pienso": Bueno, está bien sí juzgo. Sobre politica, el Miss Venezuela, los Oscar, la gente que vive en Liechtenstein, gente que disfraza a sus animales, los que dicen "longe" cuando es "lounge", la gente que pone un pote de aromatizador en el baño de visita además de popurrí de lavanda, el forro de las pocetas de todos los baños de visita, los maratonistas, gente que dice 110%, el emoticón de la verguenza, los Crocs, los anillos de graduación, la gente que no toma, los tatuajes de colores y la salsa rosada pero estos son todos temas válidos que francamente merecen ser juzgados.

Wednesday, September 3, 2014

George Clooney e Isabel Presyler Me Obligaron a Tener Un Baño de Gente Grande

 
 
Acabo de terminar de remodelar mi baño. Supongo que eso me convierte en un adulto. Antes solía pensar que graduarse como adulto implicaba comprarse una obra de arte, pero después descubrí que uno podía hacer un saca piojos y llamar eso arte. Por eso, el decidir que mi baño necesitaba un extreme makeover es la cosa más de gente grande que he hecho. Temo que estoy a siete pasos de inscribirme en un club de Bingo.

El baño en verdad necesitaba un arreglito y con el tiempo he decidido que ese lugar es uno de mis sitios favoritos de la casa. Alguien me dijo una vez que a la gente le gusta los espacios chiquitos porque se siente segura. Ok, el cuento es más darks, me dijo que después de un gran susto, tipo un secuestro o un robo o una permanente mal hecha, la gente tiende a encerrarse en su baño porque puede controlar el espacio. A mí no me ha pasado nada de eso, simplemente que me encanta que ahí estoy solo. Suena medio carcelario y todo ahora que lo pienso…

Como un señor de su casa, me fui a Prosein (los expertos en cerámica) a escoger mi nuevo baño. Con esto de la escasez me imaginé que me iba a contentar con lo que hubiera así fueran ladrillos sin cementos. Pero Prosein resultó ser una de esas tiendas que todavía no sabe que en Venezuela hay escasez. Eso es como el Disney World para la gente que tiene un fetiche por las pocetas. Ahí hay de todo. Salvo el lavamanos que me gustó al principio, pero hay de todo.

Escoger baldosas es difícil porque yo no soy el hombre más decidido del mundo a la hora de tomar decisiones de gente grande tipo vamos a cambiar las baldosas del baño. Por eso, antes de tener que mentirle al vendedor y hablar de las propiedades de una baldosa, decidí irme por lo obvio. En una esquina de la tienda había una foto colgada de George Clooney e Isabel Presyler promocionando unas baldosas de Porcelanosa. Como yo confío en el Sr. Clooney y me parece que la señora Preysler es espectacular, pues me fui por su baldosa. El que me ayudaba en la tienda me preguntó si quería ver otras opciones. Le dije que si no salía Isabel Presyler con la baldosa que me iba a mostrar no estaba interesadao. #farandulero

Aprovechando un viaje de diez días que hice a California, dejé a los obreros para que me instalaran  mi nuevo baño con mueble, espejo, regadera y mis baldosas Clooney-Preysler. A mi regreso, la obra estaba terminada. La Preysler estaría orgullosa. Soy el nuevo dueño de un baño de gente grande que parece la muestra de una tienda.
 
Eso me ha traído problemas. Como George Clooney e Isabel Preysler me vendieron un baño adulto, pues naturalmente debo personalizarlo con cosas de gente grande. Eso es un dilema para mí que toda la vida he sido un hombre que considera decoración un cepillo de dientes, una afeitadora y un desodorante.

En mi anterior baño de la low (el baño Clooney-Preysler es de la high), la personalización consistía en un corcho con todos los recipes médicos que había recibido desde 2001 (tip: es un HUGE TURN-ON para los extraños que entran a tu baño #not). Pero ahora, es un baño adulto. Tiene hasta seiscientas gavetas en el mueble para meter cuanta parafernalia tenga como si yo fuera Locatel. Incluso, las baldosas Clooney-Presyler no cubren toda la pared sino que llegan hasta la altura de mi barbilla, lo cual requiere que pinte mi baño o guinde arte. Eso me hace pensar: ¿será que enmarco el saca piojos?

Esto no lo vi  venir cuando decidí cambiar mi baño. Ahora estoy obligado a ocuparme de un sitio de gente adulta que necesita que tome decisiones como el color de la pared. Yo siempre he querido entrar a Pinturas Flamuko a preguntar si tienen un rojo tipo color del pelo de Marietta Santana pero si pinto mi baño de rojo  me satanizo en dos segundos. ¡Qué hueso tener que pintarlo de un color totalmente adulto como "off-white"! Lo otro es, ¿qué guindo en la pared? ¿Una foto que nada tiene que ver conmigo como el Big Ben en un día nublado para dármelas de místico? ¿Una frase inspiracional tipo "SÉ TÚ MISMO"? ¿Cómo voy a ser yo mismo si la baldosa Clooney-Presyler se ve cien veces mejor con algo off-white?

Ya veré que hago pero por lo pronto mi baño ahora es de señor. Me provoca mandar a hacer tarjetas de presentación. Algo así como: "Toto Aguerrevere. Escritor con baño de gente grande, aun considerando el color off white." Es lo minimo que puedo hacer. Cuando uno remodela su baño confiando en George Clooney e Isabel Preysler, te haces adulto en solo una instalación de baldosas.

Monday, September 1, 2014

Back 2 School

 
He concluido que volver de vacaciones es una desgracia. Acostumbrar a tu cuerpo a un paseo en bicicleta por una playa en las mañanas, coctelitos a las doce y más Sol de lo que agarraría una candidata al Miss Hawaiian Tropic, no concuerda con la alarma de incendio que te da el lunes después de volver.

Todo lunes después de una vacación implica ver menos Instagram y más correos electrónicos. “Hola, necesito de tus servicios”, “Pague tarjeta”, “Es para ayer”, “Te llamé y no me contestas”… A veces pienso que Gmail debería tener una contestación automática que dijera: “No jodan a Toto, está recién llegado de vacaciones”.

Volver, por supuesto es necesario. Si no volviéramos, la cosa no se llamaría vacaciones sino desempleo. Regresar a la rutina de lo que hacías antes de empacar maletas es realmente quienes somos cuando no estamos en cholas y traje de baño. Lo que pasa es que cuando uno vuelve de vacaciones y se sienta en su computadora a trabajar se ve obligado a preguntarse si realmente lo que hace es lo que debería estar haciendo. Hay gente que trabaja como si viviera en una vacación. Se llaman promotores de ron, pues, pero eso es un trabajo pago.

El problema con el regreso es que el cuerpo, y sobre todo la mente, no están acostumbrados a las actividades mundanas y a la nutrición normal. De vacaciones, ropa sucia era ropa que iba en una bolsa en el fondo de la maleta. En la vida real, ropa sucia es algo que tienes que lavar. Como en separa los blancos de los colores, lava, plancha, dobla, manda a la tintorería, guinda. De vacaciones, comida era un buffet de grasas, crustáceos y más papas fritas de las que toleraría un empleado de McDonalds. En la vida real, comida es eso que dice Sascha Fitness que es comida.

Lo que es obligatorio tras regresar de una vacación es planificar tu próxima vacación. Suena totalmente echa carro y no es algo que diría Paulo Coelho en alguna cita de esas que te hacen sentir ciudadano de este mundo. Pero las vacaciones, o la planificación de un viaje, es lo que te motiva lo suficiente como para sentarte en una computadora a trabajar de ocho a cinco. Sin la idea de un próximo viaje eres un rutinario sin motivación cuando lo que deberías ser es un motivado rutinario. A menos de que tengas pensado ser padre en los próximos nueve meses en cuyo caso la motivación debería ser esa. Tampoco es que la planificación de la agenda sea: 16 de febrero (fecha de parto), 17 de febrero (¡¡¡MIAMI!!!). Eso sería el colmo.

Pero bueh... suficiente idealización, que para una vacación lo que hay es que trabajar (y rezarle a Santa Bárbara que las líneas aéreas en Venezuela mejoren). Así que a lo hecho, pecho. Bienvenidos a la rutina. Apesta.-

Farewell Diana: a 20 años del fin del primer reality show

Todavía recuerdo llegar a mi casa aquella noche del 31 de agosto de 1997 y correr hacia la terraza para encontrarme con mi mamá. “Prend...