Wednesday, February 19, 2014

Los Niños Que Contestábamos Por Tío Simón



Esto puede venir de sorpresa para algunos, pero hubo una época donde las computadoras no venían con Internet. Se llamó los años ochenta. Eran tiempos donde la Macintosh se ponía en la sala de la casa, porque así de importante era. Fueron momentos donde Google se le conocía por su nombre completo, Enciclopedia Barsa, Tomos I al XVI. Ni un solo niño de los ochenta pensaba que con el dedo podía mover cosas como lo hacen hoy los infantes que juegan con el iPad. Nosotros solo apuntábamos con el dedo para decir: “E.T. phone home”.
 
La Internet de un niño de los años ochenta en Venezuela fue la televisión. Lo de nosotros eran cinco canales que nos inspiraron a ser quienes somos hoy en día. Un fashion blogger conoció el mundo de la moda a través de los micros de los desfiles de Tropicana. Los que son cineastas vieron el estreno original de Arma Mortal en Cine Millonario. El sueño de cualquier echa chiste era crecer para estar en el elenco de Radio Rochela y la que es actriz inventó una gripe bubónica para no ir al colegio el día que Abigail y Carlos Alfredo se besaron por vez primera.
 
Hasta los comerciales de la época nos ayudaron a imaginar. ¿Qué niño de los ochenta no quiso en su casa una poceta con trastorno obsesivo compulsivo por su limpieza? ¿Irse a la playa con la Jarrota del Sabor, de picnic con hormiguitas terroristas o jugar al futbol con un tigre? En los ochenta, una niña antojada podía salir sola a la calle para buscar un jamón y aquí jamás se habló de socialismo hasta que llegó mi Moncler, un jabón que dura y dura para toda la familia.
 
Pero nada hizo más por los niños de los años ochenta como Venezolana de Televisión. Las tardes en VTV eran sagradas. La tarea podía estar medio terminada, los muñecos de He-Man regados por el suelo, y el uniforme escolar todavía pegado al cuerpo por el sudor de una tarde de juegos y eso no importaba. Venezolana de Televisión tenía a Punky Brewster y a Vicky la Robot. Pero lo mejor de todo es que Venezolana de Televisión tenía al Tío Simón.
 
Para un niño de los ochenta, el programa Contesta Por Tío Simón era el non plus ultra del día. Uno quería ser como Chusmita, ser pana de Coquito, sentarse en la cantina del colegio con Teresita y obvio que crecer para casarse con Zurima.  En Contesta Por Tío Simón, el que no tenía acceso a un cuatro, allí aprendió a tocarlo; el que no se sabía una canción folclórica, allí aprendió a cantarla. Y el que estaba ávido de una noticia importante esperaba la hora del Notichamo donde pasaban noticias grandes para gente chiquita. Las “Breaking News” de hoy en día podrán tener alarmas y pitos. En Notichamo solo bastaban las crinejas alzadas de Teresita.
 
El cariño que un niño de los ochenta le tenía a ese programa era por Simón Díaz. Él fue para todos verdaderamente un tío, donde encender la televisión para ver el programa significaba llegar a casa de tu familia. Jamás un niño aprendió tanto sobre música, ecología y valores familiares como lo hizo con el Tío. Hoy en día cualquiera se gasta sus quince minutos de fama en un reality show. Un niño de los ochenta en Venezuela se los hubiera gastado con gusto yendo a intercambiar su china en Contesta Por Tío Simón.
 
Simón Díaz siempre fue una persona que te recordó lo chévere que era ser niño. Mejor, lo chévere que era ser un niño venezolano. Con él crecimos los niños de los años ochenta y buena parte de quienes somos se la debemos a este gran hombre que el 19 de febrero de 2014 apagó su vela.
 
Venezolana de Televisión, hogar donde crecimos con él, hace mucho que dejó de ser un lugar de encuentro para niños. El espacio que ocupó Contesta Por Tío Simón ahora es utilizado por un hombre que cae y corre y cuya idea de valor de contenido es pinchar teléfonos, denunciar golpes de Estado ficticios y enfrentar a sobrinos con tíos. Todo niño de los ochenta sabe que por ahí no es el camino, pues un sobrino criado por Tío Simón sabe que las chinas solo se intercambian por pelotas y no por cuentos chinos.
 
Y ese es el mayor agradecimiento que un niño de los años ochenta le pueda tener a la televisión que le mostró el gran Simón Díaz.
 
Un abrazo Tío Simón. Siempre contestaremos por usted. Le cuidamos a La Mariposa.

Friday, February 14, 2014

VENEZUELA | The Day the Media Showed “Flipper”


It was a sunny afternoon on that National Youth Day of February 12th. A young Venezuelan ran through the streets of Caracas, escaping from the tear gas thrown by the police. What had began as a peaceful student rally to the headquarters of the Attorney General in protest of the Government’s imprisonment of several students in the State of Merida, had suddenly turned into a hostile environment of confrontation.

Bullets and rocks went over that young man’s head. One stone hit him hard in the back. A helmet bloodied his nose. Suddenly he stopped from running. Another Venezuelan man had fallen on the street, struck by a bullet. He felt it was his duty to carry him in his arms and make sure he was laid in a safe place.

He had no way of knowing this, but at that very moment a Venezuelan network was showing an episode of Flipper on television. Hours later and in another location, that young man would lose his own life.

Three men dead and 66 wounded was the day’s final tally of casualties. It was a day in which Venezuelan television networks opted to ignore the constitutional principle of informing in an opportune, truthful and impartial manner. Flipper, it seems, joyfully jumped through the air on that particular episode broadcasted by Televen. Apparently networks deemed that the jump was important.

But not only Flipper got the spotlight. In the hours of greatest turmoil in Venezuela, television did everything it could to black out the events. Over at Venevision, a Mexican girl confided to her friend El Chavo that she wanted a dog but could not afford one. So she managed to get El Chavo to play dog for her. At Globovision, an expert on child sleep disorder gave out recommendations on the best time to put a child to bed. Eight o’clock suited her. But Flipper, oh Flipper won the ratings.

It seemed that the programming of the day was already settled way before the day even began. Earlier in the week, in view of the recent protests in Merida, the director of the Venezuelan National Telecommunications Commission had warned that the broadcasting of violent actions on National Youth Day could breach the contents of the Law of Social Responsibility on Radio and Television. Apparently the director has divination powers.

Only Venezolana de Television, network owned by the State with a propagandistic view of the Revolution, broadcasted images of the tumultuous events occurred near the Office of the Attorney General with their usual cries of “right-winged fascists” who had dared alter the peace of the Bolivarian Revolution. Clearly, the assumptions of the National Telecommunications Commission’s director were meant to be complied by all channels except for the one that should belong to all Venezuelans. The rest got stuck with Flipper.

The broadcast of the events by the Colombian NTN24 network, served as the only source of truthful information for Venezuelans. A foreign network which, despite the silence of national media, decided to give Venezuelans with access to cable television the details of what was going on beyond the sea where Flipper swam. Shortly after, cable operators were ordered to shut off the NTN24 signal. No explanation was given. It looks like the Venezuelan government was keen on having its citizens watch the part were Flipper receives a peanut for a prize.

Later on, in a national address obligatorily broadcasted by all channels, the President of Venezuela announced to the world that he knew exactly what had happened at the student rally because he had seen the images and had proof of the identities of the “fascist parasites”. One watches that particular episode of Flipper repeatedly and cannot help but wonder, where in that damn dolphin’s synchronized swim did the President see that?

The media blackout in Venezuela regarding events that affect all Venezuelans not only was a slap on the face to the country but also an insult to a young man who gave his life twice for this country. One as a rescuer; the other as a victim. No matter the threats to the media, nobody who feels the need to leave home to fight for the liberties that correspond to all citizens deserves to be shunned by a barrier of censorship. Least of all by Flipper.

Toto Aguerrevere | @totoaguerrevere

Thursday, February 13, 2014

Y Transmitieron Flipper


 
En el Día de la Juventud, un venezolano corría por las calles de Caracas huyendo de las bombas lacrimógenas que se suscitaron como consecuencia de los ataques a la marcha estudiantil opositora. Disparos, perdigones y piedras iban y venían sobre su cabeza. Una de ellas chocó contra su espalda. Su nariz moreteada por un casco. Huyendo de la represión, se detuvo. Otro venezolano había caído abaleado en la calle y a él le pareció que su deber estaba en regresar para cargar el cuerpo de su compatriota hacia un lugar seguro.

No tendría manera de saberlo, pero en ese mismo momento la televisión venezolana transmitía un capítulo de la serie Flipper. Horas después, en otra locación, ese mismo muchacho perdería la vida.

Tres muertos y 66 heridos sería el saldo total de un día en el cual la televisión optó por hacer caso omiso al precepto constitucional de informar de manera oportuna, veraz e imparcial. Flipper, parece, se lanzó un mortal en el aire en ese episodio en particular transmitido por Televen. Aparentemente la televisión estimó que eso fue más importante.

Y no solo Flipper hizo de las suyas. Las horas de mayor tumulto en Venezuela ese día fueron inundadas de imágenes en la televisión que hicieron todo por esconder la realidad del acontecer nacional. En Venevisión, La Chilindrina decidió que quería un perro pero no tenía real para comprarlo así que convenció al Chavo del Ocho para que imitara a uno. En Globovisión una experta en trastorno de sueño infantil le recomendaba a la población que la hora idónea para acostar a los hijos era a las ocho de la noche. Pero Flipper, Flipper se llevó el rating.

Estaba cantado que así iba a ser el corte de la programación. Un día antes, el director de CONATEL había anunciado que la transmisión de hechos violentos por cualquier medio audiovisual o electrónico PODRÍA violar la Ley de Responsabilidad Social. Aparentemente el director de CONATEL es más brujo que la bruja del 72 en el Chavo del Ocho. Solo VTV transmitió imágenes de los acontecimientos tumultuosos frente a la Fiscalía y sus alrededores con sus acostumbrados comentarios sobre venezolanos “fascistas” que alteraron la paz de la Revolución. Porque claramente las suposiciones de CONATEL valen para todos los canales excepto para el que le pertenece a todos los venezolanos. A los demás les toca ver las maromas de un delfín.

Un canal extranjero comenzó a perfilarse como la ventana de los venezolanos hacia la verdad. Un canal que, ante el silencio mediático interno, optó por pintarle ocho estrellas a su propia bandera e informarle a los venezolanos con acceso a televisión por cable lo que sucedía más allá del mar donde se bañaba el delfín. Al poco tiempo se emitió la orden de sacar su señal del aire. Aparentemente el Gobierno Bolivariano estaba bastante interesado en que los venezolanos viéramos la parte donde Flipper recibe un maní de premio.

En una cadena nacional posterior, el Presidente de Venezuela le anunció al mundo que él sabía lo que había sucedido en el Día de la Juventud porque había visto las imágenes y tenía todas las pruebas de quienes eran los “parásitos fascistas” que vulneraron la paz y la seguridad nacional Y yo vuelvo a ver ese episodio de Flipper repetidas veces y me pregunto, ¿en qué parte del nado de ese delfín fue que el Presidente vio algo?

El silencio noticioso ayer en la televisión venezolana sobre acontecimientos que afectan a todo aquel que porte una cédula de identidad nacional fue una bofetada no solo al país, sino un irrespeto al joven que dio su vida dos veces por ella. Una como rescatista, la otra como víctima. Por más fuertes que sean las amenazas a los medios, nadie que se vea en la necesidad de salir de su casa para luchar por las libertades que nos corresponden a todos merece ser opacado por una barrera de censura. Y mucho menos por Flipper.

Farewell Diana: a 20 años del fin del primer reality show

Todavía recuerdo llegar a mi casa aquella noche del 31 de agosto de 1997 y correr hacia la terraza para encontrarme con mi mamá. “Prend...