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Sunday, July 14, 2013

España Sirve los Mejores Tragos - Final del Diageo World Class Reserve


Foto Mark Tomaras

Titulé la gran final del Diageo World Class Reserve Bartender of The Year como El Conclave del Licor. Escoger entre ocho participantes quien será el encargado de llevar como embajador las nuevas tendencias en el arte de los licores por todo el globo durante el 2013 es similar a la elección de un Papa. Solo que los pontífices no los verías en un bar… aunque se han visto casos.

El último día a bordo del Azamara Journey nos la pasamos navegando hasta llegar a la costa de Barcelona. Fue un día dulce y amargo, pues implicaba que mañana cada quien cogería su avión hacia su casa y la verdad es que hicimos entre los latinos una amistad fenomenal. ¡Parecieron tres meses en vez de una semana! Ahí vimos el último reto de los bármanes el cual consistió en preparar la mayor cantidad de tragos en menos de ocho minutos, así como hacer un ponche. Estuvimos felices porque el de España lo hizo fenomenal y el de Puerto Rico también.

Vestidos de azul, asistimos a la fiesta Don Julio a bailar “Get Lucky” la cual fue la canción no oficial del viaje de tanto que la pusieron. En La Última Cena, ya vestidos de gala, nos dimos las recomendaciones: “nadie se duerme porque Toto se larga a las cuatro de la mañana y aquí hay que sobrevivir”.

Y sobrevivimos. Muy a mi pesar porque el Azamara era como para quedarse a trabajar.

Atracamos en Barcelona y nos llevaron a la Plaza Monumental de Toros donde se celebraría la gran final. Estar en el medio de esa plaza fue un momentazo, particularmente porque eso son cosas que no se vuelven a repetir más nunca. A menos que me de por ser torero un día, pero no creo que eso vaya a pasar porque me acabo de acordar que no me gustan los toros. Pero la experiencia de estar allí es absurdamente fenomenal.
La Plaza Monumental


La final televisada parece una versión diminuta de los Oscar o del Miss Mundo. Cada juez entra y va nombrando a los ganadores de todos los retos que se hicieron durante la semana para luego nombrar a los cuatro finalistas regionales: por Europa, David Ríos de España. Por Asia y el Pacífico, Japón. Latinoamerica y el Caribe se lo llevó merecidamente Puerto Rico y Estados Unidos para Norte América y el Resto del Mundo. Jamás entendí qué es “el Resto del Mundo”. San Nicolás no participó pero luego me aclararon que Australia y Nueva Zelanda estaban en la contienda.

Finalmente salió Tim Phillips, el ganador del año pasado y entre esos cuatro bármanes anunció que David Ríos de España se había convertido en el Diageo World Class Reserve Bartender del Año. La euforia española se hizo sentir, y yo estoy contentísimo que se lo haya llevado. Tuve la oportunidad de conversar con él en varias ocasiones y es una persona fenomenal que seguramente aprovechará esta oportunidad como a quien lo invitan a la Luna. Uno se monta y goza. Y en el interín sirve tragos.

Los 5 Ganadores del Diageo World Class Reserve (Foto Mark Tomaras)

Luego en la rueda de prensa donde preparó un último gin tonic con los otros cuatro ganadores de las ediciones pasadas que se habían celebrado en Londres, Atenas, Nueva Delhi y Río de Janeiro, David respondió preguntas. La que me más me gustó fue cuando le preguntaron qué quería hacer a su regreso al Jitter Cocktail, bar del cual es propietario en Bilbao, España. David, con toda la humildad del mundo, respondió: “quiero abrazar a mi mujer, a mis hijos y tomarme un buen café”.

 

Así es. Ya que el viaje ha pasado y a mí solo me quedan recuerdos de buenas amistades, tragos espectaculares, vistas increíbles y risas, celebro la culminación de estos escritos con un buen café (con un chorrito de Ron Zacapa para no perder la costumbre). El consentimiento de esta oportunidad es una de las cosas más increíbles de este año. Me ha abierto los ojos hacia el mundo de la coctelería, y hacer apreciar la figura del bartender como un personaje esencial para el buen servicio y la experiencia.

Sobre todas las cosas, me encanta que Diageo tenga una iniciativa como ésta. Aunque solo 44 bartenders llegan a la gran final, son más de 15 mil bartenders alrededor del mundo que se benefician con esta actividad la cual sirve como agente multiplicador para el consumo responsable en los mejores bares y restaurantes del planeta. Pero yo sentí más que consumo responsable a bordo del Azamara Journey. Eso fue una experiencia donde la elegancia se mezcló con la ameno y la amistad se sirvió con una buena dosis de alegría. Fue un viaje increíble que espero algún día en el futuro repetir. Mientras tanto, brindo por las cosas buenas.-

Nota: Mi artículo sobre esta experiencia estará disponible en la Edición Aniversario de la Revista Etiqueta en septiembre. Pero ya tienen una primicia de mis mejores momentos.
 

Saturday, July 13, 2013

Cómo Conquistar Ibiza a Pie y Luego Destrozarte Los Pies Rumbeando


Uno siempre jura que va a llegar a la isla de Ibiza con esta actitud:


La realidad es muy diferente. Cuando se tienen cinco días montados en un barco sin señal de Internet, la verdadera actitud ibicenca es esta:
 

Y esta foto fue tomada después de conquistar el casco histórico de Ibiza a pie. Para ser una isla mal comportada, la misma tiene sus sitios PG-13 como es el caso de las fortalezas y catedrales que implican subir cerro arriba, en sandalias por supuesto, porque ante todo turista pero tampoco como si fueras a hacer el camino de Santiago.

Lo mejor de llegar a estas islas es perderte a ver qué encuentras. A fin de cuentas, como dice Leo de Complot, siempre vas a perder cuando llegues a tu casa a contarles a tus amigos lo que hiciste. Según él, uno se va de viaje a la Cochinchina y se mata recorriendo iglesias, santuarios, tiendas y museos varios. Cuando llega a su casa sintiéndose todo viajado siempre sale alguien que te da preguntar: “¿y no fuiste a las ruinas de Rodas?” No, no fui. “Ay, pero tenías que haber ido a las ruinas de Rodas”. Ahí te sientes como si tu viaje a la Cochinchina fue un fracaso. #malditasruinasderodas.
Yo vestido como Kurt en La Novicia Rebelde en mi idea de La Cochinchina. Para que después no me digan "¿Y no estuviste en una calle de pedras sin una Pitufina de azul detrás?
 

A Ibiza se le entra por el puerto y vas recorriendo calles. Todo el mundo está buenísimo. Y cuando digo todo el mundo es que el basurero tiene más músculos de los que tiene Arnold Schwarzenneger en una pierna. Pero eso es lógico, cuando el casino del puerto dice: “sociedad cultural” ya sabes que aquí la intelectualidad no la vas a encontrar. Esto es rumba, tragos y perruquerías. Así mismo, perruquerías.

 

El sol es de esos que decidió temprano en la vida que vacacionar en Ibiza era lo máximo y de ahí no se va. La mínima es 31. Algo dantesco cuando comienzas a subir calles de piedras y sientes que te vas a derretir. Cuando llegas al tope de, a ver la bahía la brisa te echa una mano. A veces demasiado como sucedió cuando llegamos a la catedral.

No voy a decir nombres so pena de ofender pero fue cómico el episodio. Una de las chicas me pidió que si por favor le podía tomar una foto en el muelle. Llevaba un vestido corto y la verdad es que la brisa estaba en su punto. Cual turista japonés me agaché para hacer la toma y gritar el consabido: “A ver, 1… 2… di Cheese”. Justo en el momento en que apreté el botón vino un ventarrón que la dejó a ella como Marilyn Monroe en La Picazón de los Siete Años. Suficiente con decir que esa foto tuvo que ser borrada en el acto.

De ahí queda bajar sin zapatos porque con las piedras te resbalas y eso de desnucarse en Ibiza es muy Duquesa de Alba con fractura de cadera pero no es lo recomendable. Nuestro próximo destino es caminar hasta llegar al Blue Marlin, para ver a los 16 bármanes del Diageo World Class Reserve en su penúltimo reto antes de la eliminación final.
El Blue Marlin queda en un acceso cerrado donde no te dejan ni siquiera pararte en la sombra de la vitrina de las tiendas “porque estamos vendiendo”. #ilogico. Y aunque los bármanes están haciendo un trabajo increíble, las cámaras de televisión nos opacan la vista. Antes de que un miembro del equipo de TV nos venga a decir el acostumbrado “sorry guys, could you move?” decidimos mejor echarnos una escapidta y montarnos en taxis hacia la playa Es Cavallet. No ir a la playa en Ibiza es como no ir a las ruinas de Rodas en la Cochinchina. Hay que ir.

Llegamos al Chiringuito, un lugar fenomenal al borde de la playa donde tomas vino helado con los pies metidos en la arena. Todo el mundo está bellamente relajado pues la vista así lo amerita. Tanto, que en la playa somos los únicos que andamos vestidos. El resto anda felizmente desnudo. A Mark nuestro fotógrafo lo paran y le preguntan que si es paparazzi. Súper tranquilo y relajado el lugar. Pero la mitad del grupo no llega y después nos enteramos que están en La Escollera, un restaurante en el otro lado de la playa donde ya han pedido tinto de verano y paella. Bueno, a comer se ha dicho para allá.



Comemos fenomenalmente bien y luego partimos hacia el barco para prepararnos para la noche. Hoy vamos al Hotel Ushuaia a un coctel de Cîroc. El hotel nos cuentan, no daba pie con bola pero decidieron crear el Ushuaia Tower con una vista impresioannte en la terraza del PH y ahora es fenomenal. Tan fenomenal que al llegar, miro hacia un lado del balcón y veo una piscina gigante con un mar de gente brincando. Abajo toca nada más y nada menos que David Guetta. It’s Good to Be Toto en este momento.
Arriba Don Totin


Abajo David Guetta
 
La fiesta está decorada como un avión. Los mesoneros todos de sobrecargo y las modelos cada una más espectacular que la otra de aeromozas con sombreritos tipo Britney en Toxic (o Russell Crowe en Los Miserables). En el medio de la terraza hay una gran pasarela por donde pasan los invitados modelando. Por encima pasan aviones ya que el aeropuerto de Ibiza está relativamente cerca. Los cocteles son una delicia, sobre todo considerando que son las 10 de la noche y el sol nada que se escapa. Insisto, el sol es ibicenco.

Foto: Mark Tomaras

Allí nos enteramos de los ocho grandes clasificados a la final del Diageo World Class Reserve: España, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Suiza, Australia, Noruega, Japón y Puerto Rico. Los brindis por nuestro latino son en exceso. Podrá no ser de nuestro país pero la camaradería con el puertorriqueño Mario Seijo se siente en toda América Latina (y también porque a los periodistas latinos nos encanta agarrarnos de un bonche).

Tarde en la noche bajamos hacia donde está David Guetta cerrando el concierto. La nota en el Ushuaia es alquilar las casas que dan para la piscina porque puedes festejar desde tu balcón. Para todos los demás lo que queda es una tremenda olla donde sencillamente brincar y brincar hasta que tengas los pies destrozados. Ahí se ve de todo, gente en tanga, gente en vestido, globos que vuelan por los cielos como si fuera una Campanita alcoholizada y sobre todo euforia. Eres amigo de todo el mundo, a tal punto que cuando regresas al barco te das cuenta que alguien te pintó la cara de neón y tú ni te diste cuenta.

Foto: Mark Tomaras
 
Ese nivel de euforia se repetirá todas las noches hasta agosto.  Y vaya que vale la pena lanzarte esa rumba por lo menos una vez en la vida.-

Friday, July 12, 2013

Entre Eliminatorias y Sesiones



Una de las cosas que te preguntan tus amigos por teléfono sobre cómo va el viaje del Diageo Reserve World Class es: “¿pero no te estás muriendo de tanto tomar?” Y la verdad es que no. Cuando uno toma bien, el ratón es lo de menos porque te enseñan a como degustarte un buen Negroni sin que los otros cuatro te maten. También porque cuando estás en un barco lo único que haces es comer en cantidades. Lo que quieras. Lo que sí apremia es el cansancio. Eso de rumbear y acostarte a las cinco de la mañana para luego estar de punta en blanco  (y chic pero Schick porque hay que rasurarse la barba) a una hora decente a trabajar a mi se me da de maravilla. Creo…

El domingo después de St. Tropez nos la pasamos a bordo del Azamara Journey rumbo a Ibiza. O por lo menos eso creíamos pues cuando me encontré al capitán y le pregunté qué dónde estabamos tuvo que hacer una reflexión tipo “bueno, si allá está el norte y ese es el este…. Debemos estar en la costa italiana”. Siempre es bueno saber que estás en manos de un capitán que consulta a Siri para ver por dónde va.

Ese día fueron las primeras eliminatorias de los bartenders en la cubierta del Azamara. Como es una especie de reality show los iban llamando en grupos de cuatro para eliminar a 28 y quedarse con 16. El equipo de producción nos había pedido que estuviéramos allí para apluaidrlos y colocó una zona resguardada por una cuerda para que no estuviéramos en la toma. Eso clarametne fue respetado por todo el barco menos los latinos, que no le paramos a la cuerda hasta que alguien con más decencia que nosotros nos lanzó el acostumbrado: “sorry guys but we need you over on THAT side of the rope”. Ahh…. Para eso era la cuerda.


 

Cruzábamos los dedos para que quedaran más latinos. Había un venezolano representando a Panamá y un colombiano a quien habíamos seguido de cerca a quienes aplaudimos con furia cuando lamentablemente no quedaron. Pero nos alegramos por la inclusión de Mario Seijo de Puerto Rico y David Ríos de España (a quien lo adoptamos como nuestro porque cuando uno está en un buque eso ya es medio Cristóbal Colón). Nos encasquetaron como latino al de las Islas Caimán que era tremendo tío pero creo que ninguno de nosotros sabía dónde quedan las Islas Caimán.

Resultó un poco doloroso ver a los que no quedaban pues habían algunos bastante afectados al no ser incluídos. Pero como les decíamos: "¡"eres uno de los 44 mejores bármanes del mundo! Ahora ve a disfruta la piscina y luego saca tu tarjeta que aquí es el lugar idóneo para conseguir trabajo". Algunos se tomaron en serio nuestra recomendación de piscina, otros vieron esto como la oportunidad de negocio más grande del planeta.

Por la tarde tuvimos sesiones de tendencias con Dylan Jones el editor de la revista GQ del Reino Unido y con Luca Deplano de Banyan Tree. Éste último me gustó mucho porque dijo que entre sus tres lujos en la vida estaban el tener su propio sastre y su propia mezcla de café. Un tipo serio. Hablaron mucho sobre la importancia del Twitter y para Jones, es necesario que el Editor o Director Corporativo de la empresa sea el responsable de manejar la cuenta en Twitter porque esa es la primera respuesta inmediata de cómo piensan los consumidores y si el jefe no conoce esa información, no puede tomar decisiones importantes. Como nota curiosa, mencionó que Londres tuvo un incremento como destino turístico para las lunas de miel luego de la Boda Real entre Guillermo y Kate.

 
Luego me metí en una charla de Tanqueray la cual se concentró en si al Bartender se le debería llamar mixólogo o simplemente barman y si la diferencia realmente importaba. En verdad fue un tú a tú entre dos eruditos a los que no resistí preguntarles: “¿realmente importa? Al final del día lo que quiere el cliente es un trago”. Aunque los asistentes asintieron, a los foristas no les gustó mucho la pregunta porque me contaron que se trataba de brindar una experiencia y que la diferencia era importante. Y en eso estoy de acuerdo. Pero como asiduo a un bar no llamo a un barman, “oye mixólogo, ¿me darías por favor un gin tonic?  Gajes del oficio me imagino que son importantes para quien lo ejerce pero no tanto para los que buscan la experiencia de un buen servicio, una amena conversación y un trago para pedir dos más.

Recuerdo una cena en Ibiza hace años donde nos sentamos Sicilia mi amigo y yo con una conocida mía toda prepotente que diseñaba joyas. Sicilia le mencionó el nombre de otra persona que diseñaba y ella le respondió ofendida: “ella es diseñadora de joyas. Yo soy orfebre”. Menos mal no sirve tragos. ¿Cómo se conversa con alguien que de buenas a primeras se pasa la vida aclarando cosas que no van en el trago?

Fotos: 1 y 2, Mark Tomaras. 3: The Guardian.

Wednesday, July 10, 2013

Noche Bizarra

Photo: Jet Set Report
Imagina que es la hora de cenar. Te has perdido del grupo de tus amigos y caminas hacia el hotel donde almorzaron para ver si por casualidad alguien sigue por ahí en un very late pousse-café. Llegas y no ves a nadie pero el guardia de la puerta dice tu nombre y te señala una camioneta Mercedes Benz. Te montas. Las puertas se cierran. En ese momento piensas que te secuestraron pero bueno, da para un buen cuento. El carro comienza a manejar cuesta arriba por unas colinas y ahí si piensas si en este país operarán las FARC. Pero no preguntas. Hay cierto deleite momentáneo en saber a dónde te van a llevar.

El carro llega a un sitio en la playa con dos ánforas de mármol gigantes que custodian una puerta de madera blanca. Entras por un camino flanqueado por cortinas de nácar y flores. A los lados ves estatuas un poco cursis de ninfas griegas danzando ante el reflejo de luces moradas. Caminas un poco más allá y el instinto te da para empujar dramáticamente una cortina para ver la playa. Y ahí sucede. Una

-¿Dónde estaban metidos?

Por alguna razón aquí está todo el grupo. Como llegué yo aquí no tengo idea pero es como si el universo hubiera conspirado el encuentro. Estamos en Stefano Forever, un restaurante cabaret del cual nadie en el grupo conoce y que se reserva por casualidad buscando sencillamente en Google “lugares para comer en St. Tropez”. El indicativo en el hotel donde almorzamos: cualquier persona que llegue, tráiganla a este lugar. La casualidad no puede ser más perfecta.

Stefano Forever es un club de playa de día y un cabaret de noche. Su decoración de fuentes griegas en las terrazas es solo un abreboca para la decoración en el restaurante: todo es shocking pink, con candelabros, muchos candelabros y espejos guindados por todas partes. En las mesas hay objetos vintage, las sillas son todas como la mesa de té de Alicia en el País de las Maravillas, los manteles son rosados, las paredes terciopelo. Es el departamento de la Barbie invadido por Osmel Sousa. Es kitsch, es cursi, es surrealista… es fabuloso.
La mejor noche de tu vida es la que no te imaginaste. Y esto es Stefano Forever. Mientras salen los platos y los vinos –rosados por supuesto- la música suena. Bailas lo que quieras, Welcome To St. Tropez de Dj Antoine; I Love It de Icono Pop; Get Lucky de Daft Punk, y porque la vida es así: Smells Like Teen Spirit de Nirvana. Ahí no cabe lugar para la timidez, esa la dejaste en la puerta junto a la camioneta secuestrable. Aquí es levantarte de tu mesa y subir los brazos, irte al escenario a saltar, descubrir un cofre con disfraces y montarte lo que sea encima. Sobmbreos de piratas, un bikini de conchas marinas, un loro en el hombro, lo que más te plazca. La noche es tuya y tú eres la fiesta. Incluso cuando te toca cantar góspel.

Hasta que caes agotado y no puedes más. Y te tienes que salir porque el sudor de la euforia te recuerda que no tienes diecisiete, ni estás en una despedida de solteros como en la mesa de al lado. Necesitas respirar e irte a la playa con sus cortinas y sus estatuas griegas a oír el mar, a tomar un sorbo de tu vino y a preguntarte: ¿dónde coño estoy yo?

Estás en St. Tropez. Donde te montas en carros con extraños. Y donde no puedes creer que la vida sea así de divertida.-

Tuesday, July 9, 2013

St. Tropez Chic... es tal cual como en la Hola!


 
Una de las cosas cómicas del viaje es que todos los dress codes venían acompañados de la palabra chic. Desayuno en la terraza, traje casual chic;  almuerzo Blue Label, whisky chic; póngase la pijama, bóxer chic. Todo es chic pero eso te deja a innumerables interpretaciones: ¿cómo ser chic cuando tú lo que te estás es muriendo de calor?

Una mañana el barco Azamara Journey atracó en St. Tropez. Y ahí vale todo con tal de que sea chic por lo cual hay que sacar el sombrero, los zapatos sin medias y la camisita arrugada a propósito en las mangas. Porque nada te prepara para lo que tú vas a ver: yates, yates y más yates… y cuando crees que los has visto todos y que eso es una patada a la pobreza te sale otro yate más llamado Miss Misery. Miseria la de uno que viene de un país con control de cambio.

Con Leo y Pedro me desayuné tempranito y nos montamos en un barquito que nos llevó hasta la costa. Lo bueno de estos pueblos es que tú no llevas ni mapa sino que te dedicas a perderte por las calles y a tomar fotos de cosas que cuando te volteas ya hay un señor vendiéndote la misma foto en postal casi que con la estampilla lamida y puesta.


 
La nota de llegar temprano es que te da para recorrer el mercado de St. Tropez. Los bartenders del Diageo World Class Rerserve tenían un reto esa mañana en la que tenían 30 minutos y 30 euros para comprar ingredientes para los tragos que debían preparar esa tarde antes de las eliminatorias. El mercado es como para comprarte una bolsita y preguntarle “¿me lo pueden mandar a Venezuela?"  Todo te lo quieres llevar. Especies, te las tienen. Jamones, vengase; carteras de Hermes que usó una nonna y ya no la quiere, llévatela; suegro fastidioso… no, ese hace falta para que venga a recoger el perolero y no está en venta sino hasta el invierno.

St. Tropez parece estar dividido en calles pues en una encontrábamos todas las flores, en otra las galerías de arte y en otra unos marihuaneros felices con su calidad de vida. Encontramos una tienda de sombreros de Panamá que me parecieron sensacionales. Me dio demasiada risa que entró una señora a probarse un sombrero y la dependienta le dijo que no porque estaba toda sudada. Ante todo, St. Tropez es chic. Ahí la gente no suda salvo nosotros los pobres. Había una maquina que echaba vapor para moldear el sombrero que por supuesto yo tenía que tocar. Me quemé. La dependienta me sonrió (por la única razón que yo no estaba sudado) y me señaló un aviso que decía: “No tocar. Está HOT.” Ah…
 
 

El pueblito está lleno de tiendas de marca escondidos en casitas muy provincianas. Salvo Chanel que eso es como la casa veraniega del Gran Gatsby en el caso de que a Jay Gatsby le diera por jugar a ser pobre como María Antonieta en el Hameau. Pero lo mejor sin duda, es que no importa donde te sientes tú te vas a encontrar a los GTV (gente de toda la vida). Claro, la cosa es que esa GTV las ves en la Hola! y como en tu casa se creció con esa revista, juras que son amigos tuyos. #error

En una sola tarde yo almorcé con el jugador de polo, modelo de Ralph Lauren y embajador de Blue Label, Nacho Figueras (cuyo cuento de ese almuerzo va en la revista Etiqueta de agosto pero digamos que fue un almuerzo donde básicamente Toto es el stalker oficial de Nacho Figueras por todas las razones equivocadas que involucran cambiarse de mesa tres veces porque le molesta el sol en la calva justo en el momento cuando el jugador decide cambiarse de mesa).
 
Luego sentado en el malecón con Valentina; Jensen, Vero y Copito, otros amigos latinos, vimos a Ivana Trump pasear a su boy toy y también a su perro. Y luego a Giorgio Armani caminando como quien va a comprar helado a la esquina. Ya para las seis de la tarde cuando Nacho Figueras apareció por casualidad en la calle la cosa era más: “ay, ahí está el amigo Nacho otra vez, seguro es que anda perdido. ¡Nachooooooo! ¿por qué sale corriendo?”.

Así es St. Tropez. Todo bello, todo chic. Pero no sudes porque te regaña la dependienta.
Fotos: Mark Tomaras y mías (las más chimbas).

Monday, July 8, 2013

Conversas Latinas Sobre Caracas


En una cena sensacional que me ofrece la gente de Ron Zacapa, me doy cuenta que he sido un pésimo embajador para Venezuela en este crucero. Cuando me preguntan “¿cómo va la cosa en tu país?” les pido su servilleta porque de ahí se pueden cortar cuatro pedazos de tela para hacer papel higiénico.

Es una cosa insoportable el hablar mal de tu país, pues a mí siempre me enseñaron que cuando uno viajaba se convertía en la representación de los valores inculcados en su tierra. Ahora me doy cuenta que mis papás criaron a un Mini Ministro de Relaciones Extranjeras que creció para convertirse en un cínico apátrida. Pero en verdad, cuando la noticia más impactante de un país es que no hay papel higiénico, ¿cómo defenderse con las palabras del Canciller Jaua: “… sí, pero hay Patria”.

Lo que me sorprende de la aseveración es que la gente que no vive en Venezuela jura que no hay, no hay. Que nos limpiamos con una hoja de plátano o algo típicamente autóctono que uno encuentra en un cuaderno de sexto grado cuando estudia a los indígenas. Eso, claramente no es verdad. Hay papel higiénico. Lo que pasa es que no está la marca que a ti te gusta ni la cantidad que tú quieres. Y cuando hay alguna más o menos decente, hay un cartel que dice: "Disculpe la molestia, dos por familia". En otras partes del mundo, me dicen mis nuevos amigos latinos, eso se llama escasez. Pero en mi país, según el Presidente del Instituto Nacional de Estadística, eso se llama que los venezolanos “estamos comiendo más”.

Lo que me impresiona de comparar culturas es que mientras todos le tenemos miedo a la inseguridad y le huimos a la noche, la frase “por lo menos no es como en Caracas” no viene de mi boca sino de otros. La imagen de mi capital es una francamente deteriorada donde en un folleto de viajes resalta más la anarquía que cualquier otra cosa. Que aquí se hayan blindado carros y que una persona tenga una escolta cuando no es banquero o político es algo increíble. Pero en Caracas ya ambas cosas se ven normal. Ser escolta en Caracas es el nuevo "soy la amante". Todo el mundo lo tiene.

A veces me pongo a pensar si no sería un acto de rebeldía el irse con una mesa, un mantel de cuadros, una vela y dos vasos de vidrios con una botella de ron a la Avenida Francisco de Miranda y sentarse en la calle como una escena de La Dama y el Vagabundo. En todas partes del mundo hay cafés de calle donde la gente se sienta a no hacer nada sino a ver la tarde caer. ¿Por qué en Caracas eso no sucede? Porque vendría alguien corriendo a robarte el teléfono celular me imagino. Es falta de visión pero también lo es de una maldita inseguridad que no te deja ni siquiera tomarte un café y luego irte caminando hacia tu casa con las fotos que tomaste del atardecer veraniego o de algo ilógico como un hombre cargando un arpa. Eso no es triste, eso es miseria. Pero no lo del arpa, eso ya es francamente cómico.  

Se ha convertido particularmente engorroso defender a Venezuela en el exterior. Miento, ni siquiera a Venezuela, tan solo a Caracas. “Vete, entonces”, me dice alguien. Sí, pero no es tan fácil cuando uno sigue empeñado en hacer ciudad. Siempre hablo de un pasaje de un libro que no recuerdo que dice que toda ciudad tiene una palabra, Roma es sexo, Paris es amor, el Vaticano es poder. Si tú vives en esa ciudad y no concuerdas con esa palabra, esa ciudad no es para ti. Te tienes que mudar a una que sea el fiel reflejo de lo que tú también piensas.

Porque por ahora soy solamente una maraña de tráfico y de calles sin cafés donde no hay papel con que limpiarse. O por lo menos el papel que tú quieres. O la cantidad que busques. La nueva palabra de Caracas es “falta”. Y eso me amarga un poco.

Salud.-

Sunday, July 7, 2013

Toto Va a la Universidad de Licores Diageo


En el marco de la competencia de Bartender del Año en el Diageo World Class Reserve, parte de mi trabajo era ir a ver las competencias de los bartenders. El formato es muy similar a un reality show, de hecho había una productora a bordo del barco que va a sacar el programa para la televisión en los próximos meses. Una delicia para el mundo, aunque no tanto para nosotros pues teníamos que esperar a que montaran las luces, posicionaran las cámaras y nos dijeran cada cinco minutos “sorry guys, but could you move?” Yo me pasé todo el viaje moving away de una cámara.

El formato de la competencia es que los 44 participantes debían pasar por 8 retos con dos rondas eliminatorias donde clasificaban primero 16 y luego 8 bármanes. Nada de “vamos a ver quien lanza la botella más alto”, eso es Tom Cruise en Coctel. Aquí el objetivo era ver quién creaba el trago que no se había visto nunca, que marcase tendencia. Y se vio de todo durante los retos con nombres como el Reto de la Alfombra Roja que consistía en crear un trago inspirado en el Festival de Cannes; el de la Hora del Juego, inspirado en la era de la Prohibición y así en sucesivo.

Ahí me maravillé con todo. Un  coctel Tanqueray No. Ten vertido dentro de una cámara fotográfica; un whisky Talisker que incluyó un vaporizador que soltaba el olor de George Clooney (“rico en barricas” según su creador); una vodka Ciroc servida dentro de un globo que al pincharse se vertía en el vaso; y un twist del Bloody Mary hecho con Don Julio reposado y servido dentro de un pimentón rojo socavado. Todos esos tragos fueron parte de las sorpresas con las que los bármanes nos hacían decir: “ooohhhh”. Hasta que alguien de la televisión venía a decirnos: “sorry guys, but could you please be quiet?”


Los jueces evaluaban no solo la creatividad sino la originalidad y el tiempo. Los bartenders tenían 10 minutos para preparar el trago y 10 para presentarlo. Si no, les quitaban puntos. A los que no hablaban inglés les ponían un traductor. Algo difícil cuando por ejemplo el de España creó un trago con aroma de azahar y el traductor se quedó en neutro. En verdad, ¿Cómo traduces esencia de azahar? Los jueces luego probaban el trago y hacían sus anotaciones y el mismo quedaba sobre la barra para que lo probara el público (léase yo, de metiche).

Cuando no estaba viendo las competencias asistía a seminarios y catas. Cosa que me encantó porque en el Azamara Journey la idea de una cata tradicional no era como las que uno está acostumbrado que son un fastidio. Aquí la meta era hacerse amigo del trago más que aprender detalles de su proceso de fabricación que se olvidan pronto.

Lo que me encantaba es que los líderes de la marca estaban  ahí en el barco, entusiasmadísimos por lograr que nos enamoráramos del licor. Jean Sebastian Robiquet, el genio detrás de Cîroc, es un francés simpatiquísimo a lo Pepe Le Piu, cuya idea era transmitirnos que la vodka Cîroc, hecha a base de uvas, es un estilo de vida. Para Venezuela vienen prontamente las nuevas botellas de la vodka en agua de coco, durazno (una delicia) y de red berry. Le pregunté qué significa la palabra Cîroc y me contó que es una palabra compuesta de dos palabras en francés: cima y roca.

En otra reunión, esta vez con la gente de Blue Label, se desechó la idea del “nótese como las lagrimas del whisky caen sobre la copa” que uno las ve como quien ve un ecosonograma de buenas a primera y no entiende nada pero se hace el que sí sabe. Aquí lo que hicieron fue poner sobre la mesa bolsas de té, frutas, vegetales y todo aquello que estaba disponible durante la época cuando se comenzó a producir el whisky por primera vez. Era una historia de dónde venimos y hacia donde hemos llegado la cual culminó en probar el Blue Label en copa de champaña aderezado con el licor Pepe Ximénez. Para alguien que ahoga su whisky en hielo de rolito y agua esto fue un gran descubrimiento. Estamos tomando el whisky mal.

Pero sin duda, la estrella de las catas se dio en el Salón Zacapa. Ahí estaba Lorena Vásquez, la Master Blender del Ron Zacapa. Lorena es un fuego artificial de simpatía. Es más diminuta que un pen drive pero su derroche de alegría por contarnos como se añeja el ron Zacapa en distintas barricas de 6 a 25 años nos hizo enamorarnos de ella y del ron. Sobre todo porque nos permitió crear nuestra propia mezcla.
 

En el salón estaban puestas unas cinco barricas de donde podíamos verter en una botella los mililitros que quisiéramos para hacer el ron de nuestra preferencia. Naturalmente mi falla matemática hizo que fuera un desastre pero la actividad fue divertida. Aquí tengo mi botella de ron sellada donde hay que esperar dos semanas para abrirla a ver si mis dotes de Master Blender se me dan (auqnue por la cara de Lorena cuando vio mi fórmula creo que no llego ni a la pasantía).  

Cuando no estaba en la Universidad de Licores, hablaba con los bartenders para ver cómo les había ido. Todos simpáticos y contentos con la competencia. Hasta que llegaba un equipo de producción de la televisión a decirme: “sorry but…”

Yeah, yeah…
Fotos: Mark Tomaras

Saturday, July 6, 2013

Montecarlo: ¿Cuál es la clave del WiFi de los Grimaldi?



Con la maleta arrastrada, nos trasladamos hacia el puerto de Niza listos para abordar el crucero Azamara Journey, el cual sería nuestro hogar/bar/discoteca/sanatorio por cinco días mientras cubríamos la competencia Diageo Reserve Worldclass Bartender of the Year. Una cosa es ser recibido en un barco con un coctel de fruit punch con paragüitas. Otra muy distinta es que te den la bienvenida los mejores 44 bármanes del mundo. Y en el barco, Diageo no escatimó para hacernos sentir una experiencia sensorial. De proa a popa el logo de la competencia estaba presente y todos los rincones del barco habían sido cambiados para reflejar las marcas de la empresa como para hacerte sentir en casa cada vez que dijeras "¡salud!" (el cual se decía cada cinco minutos claramente).

En un bar interno estaba el Bar Don Julio, donde podías tomarte un tequila reposado con unos tacos mexicanos. Al Tanqueray Bar solo le podías entrar con una contraseña, 1830, año en el cual Charles Tanqueray comenzó a destilar ginebra. Cirooc se agarró el cabaret para hacer una experiencia hawaiana; el Salón Zacapa estaba decorado con todas las distintas barricas que utilizan para el añejamiento del  ron y arriba al aire libre el Ketel Bar con sus teteras de vodka.


Esa misma noche arrancamos con una gran fiesta hacia la costa de Montecarlo. Como el sol en Europa le da flojera irse a dormir, la travesía fue deliciosa. Mónaco me impresionó, una vista sensacional cuajada de carreteras (“¡la pobre Grace!” pensaba yo), edificios emblemáticos y, como principado no es principado sin yate, estaba anclado el Topaz, uno de los yates más largos del mundo. Arriba en el Ketel Bar, los latinos celebramos con vodka nuestra llegada, intentando buscar señal para subir fotos al Instagram. “¿Cuál será la señal de los Grimaldi?” preguntaba Pedro de Complot. “Escandalo1" si es Carolina, decía otro. “Escandalo56 si es Estefanía”, decía yo.

En el barco había periodistas de todas partes del mundo aunque nuestro grupo se veía más cohesionado que el resto. Ahí tuvimos la oportunidad de conocer a varios bartenders, entre ellos David Ríos de España, un tío fenomenal y Mario Seijo de Puerto Rico, un chamo coolisimo preparado para los retos que comenzarían al día siguiente.
Parte del grupo de bartenders. Señalando el español David Ríos. A su derecha Mario Seijo de Puerto Rico.
 

Los 44 bartenders no la tenían fácil. Esto es como el Mundial. Debían medirse en ocho retos con dos eliminatorias. En la primera pasarían solo 16 clasificados, en la segunda 8 para luego premiar a 4 campeones regionales y escoger a solo 1 como el Mejor Bartender del Año. Esta era la quinta vez que se realizaba la competencia y a bordo del barco se encontraban los ganadores de ediciones pasadas, listos para contar sus experiencias y servir uno que otro old fashioned.

Esto sí digo, uno no se ha tomado un mojito hasta que no te lo sirve un Bartender del World Class.-
Fotos: Mark Tomaras y Shelby Soblick.

Friday, July 5, 2013

Niza: Donde Yo Soy Penoso y lo Demás es Cuento Hasta Que Conozco a la Virreina


 
No sé qué me pasa a mí con las situaciones nuevas pero a mí la simpatía no se me da de buenas a primeras. “Tú eres un Leo que se muere por ser Virgo”, me dijo alguien una vez. No sé mucho sobre astrología pero a juzgar por mi hermana Virgo (pero no virgen porque si no, no sé de dónde salieron sus hijos) mi actitud cuando conozco a gente es como ella, como con pena. Irte solo a un viaje con extraños es un reto. Irte solo a un viaje con extraños y sin señal abierta de WiFi es más o te presentas o te lanzas por la borda del barco.

Pero el problema es que en verdad, “Hola, soy Toto” no se puede decir con jet lag. Ahí hay que explicar mucho. Por lo cual en el desayuno de bienvenida que se le dio a los periodistas lationamericanos antes de abordar el barco que nos llevaría a la competencia Diageo Reserve World Class solo me dediqué a reírme de manera elegante, oyendo nombres de revistas que venían a cubrir el evento a ver si me resultaban familiares. “Vengo de Caras… Escribo para Gatopardo… soy de Tendencias… Yahoo en Español… yo vengo de Esquire”. Yo, un bloguero, con unos cuarto bates. O por lo menos lo fui hasta que conocí a Hola! Colombia.

La cosa con Colombia es que mencionarle el chiste del Miss Universo a un colombiano siempre funciona para romper el hielo. En un momento noventoso, Colombia quedó tres veces consecutivas de primera finalista y no hay colombiano que no esté picado con eso. Siempre mencionan una Miss Universo que ganó en el año de la cataplun y cuando uno les pregunta si han quedado de algo después, dicen con todo el pesar del mundo… “Sí,bueno  tenemos virreinas”. Juliana de Hola! Colombia es una de esas que usa esa frase.

Pablo, relacionista público de Diageo quien es una especie de John Goodman haciendo de Pedro Picapiedra con acento argentino de lo simpático que es, nos invitó a todos a que nos presentáramos. Cuando le tocó el turno a Hola! Colombia, a Leo el de Complot y a mí no se nos ocurrió mejor cosa que decirle que debía presentarse como las Misses tipo:  “My nei is Juliana, ai tuenti tú yirs ol an ai reprisen Colooooooooombia”. La respuesta de Juliana fue el detonante: “eso lo dicen porque son de Venezuela y nosotros tenemos solo virreinas”.

Jackpot. Juliana se quedó La Virreina por el resto del viaje. Y yo fui feliz porque eso nos abrió la puerta para que todos nos conociéramos a punta de chistes como lo hacen los latinos. Cada uno un mundo de un país distinto pero chistoso al fin. Cuando una de ellas mencionó que se había enterado que estaba embarazada la noche antes del viaje, alguien dijo: “en la semana de tomar… amiga tú perdiste”. Laura de Trinidad y Tobago y las brasileras no entendía ni pio de lo que decíamos pero creo que los que hablábamos español tampoco. Eso fue una mezcolanza de chicos con ché nenas, de vos con tú.

Me pasó con Rafaella de Perú que le conté un cuento comiquísimo sobre como a la Zubi mi amiga le dijeron cuando se comprometió: “te puedo comprar un anillo de compromiso o una poceta, tú escoges porque las dos cuestan lo mismo”. Rafaella no rió mucho, hasta que me di cuenta que poceta es una palabra que no se usa en Perú. Cuando entendió me dijo: “bueno, por lo menos tuvo su aro… el del inodoro”. Es cuestión de traducción para que el chiste tenga otro punchline. Lo cierto es que cuando estás con 24 latinos de 10 países distintos, la única frase universal es: “¿habrá WiFi?” Todo lo demás es sujeto a doble interpretación.

Niza es sensacional. El malecón para caminar es de postal de los años cincuenta aunque inentendible como la gente puede echarse en una playa de rocas a coger sol. Por eso es que los europeos se vuelven locos con América Latina. Eso de arena como que es de edición limitada. Esa mañana en el desayuno donde nos hicimos amigos caminamos juntos al hotel para arrastrar maletas a cubrir lo que sería conocido como la experiencia Diageo: Toma responsablemente… pero no dejes de probar ese coctel.
Foto: Mark Tomaras

Thursday, July 4, 2013

Semana Internacional de Cómo Beber de Maravilla


 
En mayo, me llamaron de la Revista Etiqueta para preguntarme en qué andaba la semana del 4 de julio. Revisé mi agenda. “Tengo cita con el dentista”. “Ah, me dijeron, era para ver si estabas interesado en ir a cubrir el concurso Diageo World Class Reserve Bartender of The Year. Se va a celebrar este año en Niza, Montecarlo, St. Tropez, Ibiza y Barcelona". Al horno el dentista. Yo empaqué mi maletica de sueños –y dos que tres trajes de baños- y me largué a las Europas a tomar y gozarme el mundo. Con responsabilidad, claramente… (Los puntos suspensivos son la ironía de la gramática… ni ellos me creen).

Mis amigos me decían: “¿pero tú vas para todo eso en una sola semana?” Más te vas a tardar en llegar y regresarte que estar en todos esos sitios”. Y a mí eso no me importó. El solo hecho de escaparme solo a montarme en un barco (era un barco la cosa… muy bucanero chic) era suficiente como para viajar en canoa con tal de llegar. Tengo tiempo sin tomarme unas vacaciones y aunque esto era trabajo, la verdad es que así se hace gratis, con gusto y donde sea.

A mis otros jefes (yo tengo nueve jefes, ergo el buhonerismo) les dio envidia. O al menos eso tiendo a creer. La semana antes del viaje me lanzaron tantos dardos de trabajo que mi maleta se hizo en un acto de milagro. Hasta al taxista que me llevó al aeropuerto le tuve que pedir que pasáramos por la tintorería un momentico a buscar el flux.  

El taxista era un show. “Aguerrevere”, me dijo. “ese es un apellido poco común”. A todas estas yo sentado en la parte de atrás de la camioneta para sentirme como ejecutivo. En cinco minutos estaba pasándome para adelante y prendiendo un cigarro. El señor había sido un banquero que trabajó con mi tío Jorge. Venido en desgracia (él me contó toda su historia… es de Cine Hallmark), entre sus labores estaba hacer servicios de llevada al aeropuerto. Buhonero como yo, totalmente pana.

En el camino buscamos a mi amigo Ray Avilez, periodista que también iba a cubrir el viaje. Apenas salió pensé que yo iba totalmente mal vestido. Ray es de los que si la cosa dice St. Tropez chic, él se viste más chic que el Santo Tropez. Yo en cambio soy Santo Tropiezo. Ray iba de chaqueta y pañuelo. Yo de arremangado Procter & Gamble. Le hice un resumen del E! True Hollywood Story del chofer y arrancamos para Maiquetía. Ahí nos encontramos con los chef del Restaurante Alto y del San Pietro y una gente simpatiquísima de Diageo, listos para abordar el Iberia para hacer escala en Madrid antes de llegar a Niza.

Volar en primera clase es una cachetada a la pobreza. Los asientos están tan separados que tú puedes poner un coche de bebé en frente tuyo y encima sacar la mesa de planchar. Pero uno tiene que aparentar ser serio, cuanto menos elegante. Como ninguno de nosotros es nada de eso, procedimos a darle a cuanto botón tenía esa silla. Eso es como una tumbona de playa. Yo he pasado 34 años de vida encontrando la perfecta posición en una silla de avión y ya la encontré. Es tan solo cuestión de ir a cubrir un concurso en primera clase. Ahí no importa el jet lag. En primera clase Jet Lag es una japonesa que te da champaña y jamón de jabugo.

Llegamos a Barajas el cual me pareció un aeropuerto impresionante aunque para los fumadores es la patada. Nueve horas ansioso (aunque reclinado) no ayudan para nada. Sobre todo cuando uno está desorientado porque no entiende qué hace el sol levantado cuando uno se debería estar acostando a dormir. Pero las ganas de fumar siempre se olvidan cuando sabes que lo que te queda es viaje. Cercano a las once llegamos a Niza donde nos encontramos con Leo y Pedro, los editores de la revista Complot que también venían al viaje y juntos nos enrumbamos hacia el hotelito que nos tenían preparados.

Ahí fue mi encuentro con los periodistas latinoamericanos invitados por Diageo. Comenzó así oficialmente mi Semana Internacional de Cómo Beber de Maravilla Sin Que Te Dé Ratón Con Gente Que Es Igual de Chévere Que Tú.-
Foto: Mark Tomaras (cuyo apellido irónicamente es lo más espirituoso que he oído).

Farewell Diana: a 20 años del fin del primer reality show

Todavía recuerdo llegar a mi casa aquella noche del 31 de agosto de 1997 y correr hacia la terraza para encontrarme con mi mamá. “Prend...